Este dieciocho volveremos a levantar banderas, a cantar, a brindar, a celebrar la independencia. Y está bien. Pero una patria no debería construirse solo sobre sus fiestas, sus héroes, sus victorias. También debería ser capaz de mirar de frente a sus muertos.
Porque la independencia no terminó con la injusticia. No terminó con la desigualdad. No terminó con la violencia ejercida desde el poder. Y tampoco nos libró de quienes fueron capaces de convertir la vida humana en mercancía, en obstáculo, en simple cifra.
Recordar esto no es dejar de celebrar Chile. Es quizás lo contrario: tomarnos en serio lo que significa pertenecer a un país, y preguntarnos qué clase de patria queremos seguir construyendo.
Que estas Fiestas Patrias no sirvan para borrar nuestra historia, sino para recordarla. Porque una nación que solo recuerda aquello de lo que puede sentirse orgullosa corre el riesgo de olvidar aquello que jamás debería repetir.

Feliz celebración del Día de la Independencia, ¡yo envío saludos y brindo con ustedes por un mañana mejor y más hermoso para todos!
ResponderEliminarAbrazo y beso, Andreja
La condición humana es la que es.
ResponderEliminarCon cualquier régimen político, con cualquier bandera, con cualquier himno... sea como sea los que mandan se corrompen.
España es un país de gobiernos corruptos, el actual, el anterior, el de las diferentes regiones... ni el miedo a ser condenados les impide robar y robar y robar.
¡Hola, Marcos! Qué reflexión tan profunda, madura y necesaria nos compartes hoy.
ResponderEliminarTienes toda la razón: la verdadera madurez de una patria no se mide solo por la euforia de sus símbolos, banderas o celebraciones, sino por la capacidad y la valentía de mirar de frente sus sombras y asumir de verdad la memoria histórica. Romper con el yugo colonial fue un paso histórico fundamental, pero no erradicó automáticamente la injusticia social ni la codicia de quienes mantuvieron el poder bajo otros nombres. Traer al presente esos episodios dolorosos de los trabajadores en las salitreras y de tantas otras luchas no significa restar valor al orgullo de sentirse chileno; al contrario, es el ejercicio de honestidad más noble que se puede hacer por un país.
Ese contraste entre el ambiente festivo del Dieciocho y el deber de recordar es un recordatorio impecable: solo conociendo y honrando la memoria de los caídos e ignorados se puede construir un futuro más justo, empático y verdaderamente libre.
Te agradezco enormemente estas letras tan lúcidas que invitan a celebrar con alegría, pero sobre todo con conciencia. Te mando un fuerte abrazo y que pases unas buenas Fiestas Patrias.
Marcos, ¡quiero que tengas un buen fin de semana, aprovecha los días bonitos y descansa. ¡Besos, Andreja!
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