La interrogación, que siempre ha sido una maleducada, no deja de preguntarme ¿por qué? La admiración se pasa el día ¡exagerándolo todo! Intenté ponerles punto final. Pero se me escaparon por los márgenes y ahora andan por ahí dudando de la honradez de los sinónimos.
También revisé mi vocabulario. Hay palabras que llevan años viviendo sin pagar alquiler. La culpa se instaló con contrato indefinido. El orgullo arrastra los muebles en el piso de arriba cada vez que intento dormir. La nostalgia tiene llaves de todas las habitaciones, y la esperanza, la ingenua, sigue golpeando la puerta aunque no haya nadie en casa.
Con los verbos me va peor. El pasado quiere que vuelva, el futuro promete lo que no puede cumplir y el presente, que debería ser el más razonable, nunca está disponible. Me gustaría conjugar desaprender, pero no encuentro la primera persona. Será que para desaprender hay que admitir que uno aprendió mal, y el ego, ese funcionario de ventanilla, no tramita esas solicitudes.
Así que cambié algunas reglas. Los puntos suspensivos ya no pueden hacerse los misteriosos... las comas no separarán lo que está, unido y a la palabra imposible la voy a jubilar: lleva demasiado tiempo de portera en edificios donde ni siquiera vive.
No prometo que funcione. Dejaré cosas sin corregir, dejaré que algunas frases terminen mal y aceptaré que no toda idea necesita conclusión. Total, la vida tampoco respeta la sintaxis: empieza con un sujeto, te cambia el predicado sin avisar y, cuando crees haber entendido la oración, te planta una subordinada que no estaba en el programa.
Mañana lo intento otra vez. Si la gramática me deja.

Uff Marcos... has complicado tanto... no es tan grave... deja las comas y todo lo demás... vive la vida sin obligaciones, embellece y mejora tus deseos, tus momentos y dite a ti mismo... Nunca digas Nunca:))
ResponderEliminarYo hace tiempo que desistí de poner en orden todo lo que me pasa por la cabeza. En cuanto coloco una idea, aparece otra y me vuelve a desordenar el cajón. Lo de jubilar la palabra imposible sí te lo compro; lleva demasiados años metiéndose donde nadie la llama.
ResponderEliminarMe quedo con esa nostalgia que tiene llaves de todas las habitaciones y con el presente, que nunca está disponible. Aunque pensándolo bien, quizá sea mejor no poner demasiado orden: una vida con la sintaxis perfecta tendría que ser terriblemente aburrida. Un saludo
ResponderEliminarQué bueno.
ResponderEliminarY todo eso dentro de la cabeza dando vueltas como una lavadora centrifugando la gramática.
De momento el resultado ha sido magnífico.