martes, 6 de octubre de 2026

Todo lo que aprendí del cáncer III




Nadie lo dice en voz alta mientras hay esperanza, pero el cáncer también gana. No le importa cuánto rezaste ni cuánta gente te quería. No negocia, ya lo dije. Tampoco se apiada.

Lo primero que se lleva es la carne: el peso, la fuerza, las ganas de levantarse. Después se lleva el tiempo, que de pronto se mide en controles y en llamadas que uno espera con el estómago apretado. Se lleva los planes y el "después vemos".

Ayer se llevó a Claudio.

Claudio sabía esperar. Se paraba horas frente al agua con la caña en la mano, sin apuro, como quien entiende que lo bueno llega cuando uno deja de exigirlo. La pesca le enseñó la paciencia, y esa misma paciencia la usó para pelear por los demás.

Porque Claudio peleó toda su vida por los derechos de los trabajadores. Sin descanso, sin pedir aplausos, muchas veces a contracorriente y sin que nadie se lo agradeciera. Donde veía una injusticia, ponía el cuerpo. Los que trabajamos en el norte sabemos lo que cuesta eso, y lo poco que abundan los que se atreven.

Y fue amigo hasta el final. Cuando era él quien necesitaba que lo sostuvieran, seguía preguntando por los otros, atento a cómo estábamos. Así era Claudio, hasta cuando la enfermedad ya le había quitado casi todo.

Peleó con médicos, con familia, con fe, con todo lo que tenía. Y aun así perdió. Eso es lo que nadie quiere escuchar: que se puede luchar bien, con el corazón entero, y no alcanzar.

Pero el cáncer se llevó un cuerpo, no una vida. Lo que fue Claudio, su paciencia, su terquedad justa, su lealtad, ya estaba repartido entre los que lo quisimos. Eso no se lo pudo llevar.

Hoy el viento calló. Estoy en esa calma rara de después de la tormenta, mirando lo que quedó en pie, y lo que quedó en pie, en buena parte, es lo que él sembró.

4 comentarios:

  1. Marcos, ¡mi más sentido pésame por la pérdida de tu amigo!
    Tener un amigo así es magnífico... te enseñó todo, a ser siempre paciente con todos, a amar y a seguir siendo bueno con las personas.
    Claudio sabía que no iba a ganar, y aun así se fue en silencio, dejando atrás su tranquilidad, y en este acto no fue el único...
    ¡Te envío saludos y un abrazo!

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  2. Siento mucho la muerte de Claudio. Que incluso cuando necesitaba que lo sostuvieran siguiera pendiente de los demás dice mucho de la persona que fue. Es muy duro aceptar que alguien pueda luchar con todas sus fuerzas y que no baste. Hoy seguramente nada consuela demasiado, pero todo lo que hizo por los trabajadores y por sus amigos seguirá formando parte de quienes lo conocieron. Un abrazo muy fuerte para ti y para todos los que lo quisieron.

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  3. Un texto profundamente conmovedor y de una lucidez desgarradora.

    Tienes toda la razón en esa verdad tan amarga que pocos se atreven a nombrar: la enfermedad a veces gana en la carne sin importar la entereza o el amor que la rodee. Pero ese homenaje que rindes a Claudio retrata con una dignidad enorme la clase de hombre que fue. Su paciencia de pescador, su compromiso infatigable por los derechos de los demás y su lealtad hasta el último instante no desaparecen.

    Como bien dices, la enfermedad se lleva un cuerpo, pero la siembra de justicia, coherencia y afecto que dejó en los que le quisieron no se la puede arrebatar nadie.

    Un abrazo muy fuerte en este momento de calma triste y un sentido homenaje a la memoria de Claudio.

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  4. Lo siento, Marcos. Un abrazo grande con más fortaleza para todos sus seres queridos.

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