Las cosas siguen igual. Ya lo dije en otro post, y que tenga que repetirlo es, bien mirado, la prueba. Los días se han puesto en fila, uno pisándole los talones al anterior, y uno termina preguntándose si tan difícil es parir una jornada que no sea fotocopia de la de ayer. «Andan días iguales persiguiéndose», repetiría Neruda, y no creo que fuera una queja: era un diagnóstico.
Aclaro que no van mal. Van igual, que no es lo mismo, aunque a veces cueste distinguirlo. Lo que me inquieta es otra cosa: que un día llueva pegamento y nos quedemos todos ahí, pegados al suelo, como estatuas de una plaza que nadie visita. Ojalá no sea cianoacrilato, porque eso ya sería meterse en un problema serio.
Y lo cierto es que llevo un tiempo recibiendo el chaparrón. Cada mañana, un poco más. Estar pegoteado todo el día tampoco sería lo peor del mundo, tiene su lado de pereza lúcida, pero lo de no poder despegar los pies para dar un paso adelante ya es otro cantar.
Malditas borrascas inmovilizantes. Malditos paraguas agujereados de marca Acme, que prometen resguardo y entregan goteras. Porque una cosa es que la vida no avance, y eso uno lo va asumiendo con los años, y otra muy distinta que encima te cobren por el pegamento.


La rutina nos devora por dentro y no avisa... un día te das cuenta de que no puedes escapar de ahí....
ResponderEliminarSolo me gusta la lluvia cuando es de noche... cuando escucho cómo caen las gotas del cielo.
ResponderEliminarIncluso la lluvia (aguacero) se detendrá...
Ya llegará el momento en que se articule otra circunstancia. Todo tiene un tope y lo que parece tan estático y sin remedio, se modificará para bien. Paciencia y preparación para dar el paso.
ResponderEliminar¡Fuerte abrazo!
Marcos, qué sugerente metáfora la del pegamento. A veces son precisamente esas pequeñas cosas invisibles las que mantienen unidas nuestras vidas: los afectos, los recuerdos, las costumbres compartidas o la simple presencia de quienes nos acompañan en el camino.
ResponderEliminarMe ha gustado cómo conviertes un objeto tan cotidiano en una reflexión sobre los vínculos que nos sostienen. Al fin y al cabo, todos necesitamos algún tipo de pegamento para que no se dispersen los fragmentos de nuestra historia.
Un fuerte abrazo.
Marcos, gracias por cada uno de tus comentarios, es como un regalo del cielo... ¡abrazo y beso, Andreja!
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