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miércoles, 28 de octubre de 2026

Pegamento



Las cosas siguen igual. Ya lo dije en otro post, y que tenga que repetirlo es, bien mirado, la prueba. Los días se han puesto en fila, uno pisándole los talones al anterior, y uno termina preguntándose si tan difícil es parir una jornada que no sea fotocopia de la de ayer. «Andan días iguales persiguiéndose», repetiría Neruda, y no creo que fuera una queja: era un diagnóstico.

Aclaro que no van mal. Van igual, que no es lo mismo, aunque a veces cueste distinguirlo. Lo que me inquieta es otra cosa: que un día llueva pegamento y nos quedemos todos ahí, pegados al suelo, como estatuas de una plaza que nadie visita. Ojalá no sea cianoacrilato, porque eso ya sería meterse en un problema serio.

Y lo cierto es que llevo un tiempo recibiendo el chaparrón. Cada mañana, un poco más. Estar pegoteado todo el día tampoco sería lo peor del mundo, tiene su lado de pereza lúcida, pero lo de no poder despegar los pies para dar un paso adelante ya es otro cantar.

Malditas borrascas inmovilizantes. Malditos paraguas agujereados de marca Acme, que prometen resguardo y entregan goteras. Porque una cosa es que la vida no avance, y eso uno lo va asumiendo con los años, y otra muy distinta que encima te cobren por el pegamento.

martes, 15 de septiembre de 2026

Comprender, no sobrevivir


Hay escenas de apenas unos minutos que se quedan a vivir con nosotros durante años. No sé bien por qué unas imágenes se instalan y otras, más largas o más importantes en apariencia, se van sin dejar rastro. Ésta es de las que se quedaron.

En el episodio Thin Ice de Doctor Who, el protagonista habla del valor de la vida humana con una serenidad que solo el tiempo parece autorizar. No habla de riqueza, ni de éxito, ni de fama. Habla de la vida como algo valioso en sí mismo. Su acompañante, Bill Potts, conmovida, le pregunta la edad. Y al escuchar la respuesta dice una frase que lo resume casi todo:

"Vale la pena vivir hasta esa edad si se llega a comprender la vida de esa manera."

Qué extraña idea tenemos, a veces, de envejecer. Le tememos a las arrugas, a la lentitud, a la cercanía del final, y se nos olvida lo esencial: que el privilegio de los años no es sobrevivirlos, sino comprenderlos.

Los japoneses tienen una palabra para esto: mono no aware, la conmoción agridulce ante lo efímero. No es tristeza pura, ni resignación pasiva. Es la belleza que una cosa adquiere precisamente porque no va a durar. La flor de cerezo no se admira a pesar de que cae en unos días; se admira porque cae. Su fragilidad no es un defecto que la belleza tiene que superar: es la condición misma de esa belleza. Un cerezo que floreciera todo el año, indefinidamente, dejaría de conmovernos —se volvería paisaje, decoración, algo que dejamos de mirar. Lo que nos detiene a mirarlo es saber que ese instante no vuelve.

Con la vida pasa algo parecido, aunque nos cueste más aceptarlo cuando se trata de nosotros mismos. Esa misma sensibilidad es la que asoma en la frase de Bill: comprender que el tiempo es limitado y por eso precioso, que las personas valen más que las cosas, que muchas batallas nunca merecieron ser peleadas. No a pesar de que todo se acaba, sino gracias a eso.

Quizá el verdadero éxito de una vida no sea llegar a viejo, sino llegar a viejo con la sabiduría suficiente para mirar atrás sin amargura y hacia adelante sin miedo.

Porque entonces sí: habrá valido la pena.

lunes, 8 de abril de 2013

Tempus Fugit...

Hace ya tiempo que no escribo...

Está así: 

Imagínate que existe un banco, que cada mañana en tu cuenta aparece la suma de $86.400. No arrastra saldo día a día. Cada noche borra cualquier cantidad de tu saldo que no ocupaste durante el día. Que harías? Retirar hasta el ultimo peso, por supuesto ¡¡ 

Cada uno de nosotros tiene ese banco que se llama TIEMPO. 

Cada mañana, este banco tiene en tu cuenta 86.400 segundos; cada noche este banco borra y da como perdido cualquier cantidad de ese crédito que no has invertido en un buen propósito. Este banco no arrastra saldos ni sobregiros, Cada día te abre una nueva cuenta. Cada noche elimina los saldos del día. Si no usas tus depósitos del día, la perdida es tuya. No se puede dar marcha atrás, No existen los giros a cuenta del deposito de mañana, debes vivir en el presente con los depósitos de hoy. Invierte de tal manera de conseguir lo mejor en salud, felicidad y éxito. El reloj sigue su marcha. Consigue lo máximo en el día. 


Para entender el valor de un año, pregúntale a algún estudiante que haya perdido el estudio. 

Para entender el valor de un mes, pregúntale a una madre que alumbro un bebe prematuro. 

Para entender el valor de una semana, pregúntale al editor de un semanario. 

Para entender el valor de una hora, pregúntale a los amantes que esperan encontrarse. 

Para entender el valor de un minuto, pregúntale a la persona que perdió el tren. 

Para entender el valor de un segundo, pregúntale a la persona que evito un accidente. 

Para entender el valor de una centésima de segundo, pregúntale al corredor que saco medalla de plata en las olimpiadas... 

Atesora cada momento que vivas y atesoralo mas si la compartiste con alguien especial, recuerda que el tiempo no espera a nadie... Ayer es historia, el mañana es un misterio, solo existe el presente. El tiempo no espera a ninguno, a ninguno... Tempus Fugit


martes, 15 de septiembre de 2009

Crecimiento

Que el tiempo es relativo, ¡vaya mentira!, el tiempo pasa y eso no lo cambia nada, y lo cierto que el tiempo no es un enemigo, tampoco es muy buen amigo que digamos, no puedes detener el tiempo, el momento está ahí y luego…ya se ha ido. En “El señor de las moscas” un grupo de chicos caza un cerdo en la jungla, lo torturan y clavan su cabeza en una estaca, como ofrenda a la bestia que manda como dios en la isla, la sangre negra cae de los dientes del cerdo y los niños huyen, luego cuando uno de los chicos está solo, llora, pero no por el cerdo, el niño llora por el fin de la inocencia y por la oscuridad del corazón del hombre.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Crecimiento


Lejos de las ecuaciones de Eisnten, el tiempo se da el lujo de patearnos el trasero, parece burlarse de nosotros, bien se hace más lento, se suspende, hasta se detiene por completo y nos deja atascados en un momento, sin poder movernos en una u otra dirección, bien se acelera y nos arrastra,porque el tiempo no espera a nadie y es el instante preciso de ponerse en pie, es hora crecer y es en esas raras ocasiones en que el tiempo es ambiguo, que pierde su significado, cuando el reloj no importa,es el punto en que la vida te notifica oficialmente que eres adulto, es entonces cuando te preguntas ¿qué pasó?, ¿cómo es que llegué hasta aquí? y de pronto eres lo suficientemente mayor para votar, beber y ocuparte de otras actividades, de pronto la gente espera que seas responsable, serio, maduro y lo único que nosotros queremos es más tiempo y no importa lo mucho que hayamos crecido, lo mucho que hayamos envejecido,seguimos tropezando, por siempre preguntándonos, siempre, pero no importa porque el tiempo cura todas las heridas.

lunes, 24 de agosto de 2009

A fuego lento

Todo sucede lentamente en la naturaleza, el árbol necesita varios decenios, hasta siglos para desarrollarse bien. Para edificar las primeras ciudades (más cercanas aún a la naturaleza) se requirieron siglos. Los valles de ríos son trabajos de milenios y las montañas necesitaron eones para formarse y si pudiésemos apreciarlo, el movimiento de los glaciales es inconmoviblemente lento. Todo en la naturaleza baila a su ritmo, pues la naturaleza no conoce la prisa (el guepardo y el halcón son una excepción), esta la trajo el hombre al mundo, los moradores de las grandes ciudades son esclavos del apresuramiento. Todo es celeridad: respirar, comer, hablar, escribir, leer, nada sucede ya con la calma que crecen las flores, con que se mueve el perezoso, con que rumian los alces, con que serpentean los suaves arroyos por su cauce. “Vamos lento Sancho, que llevamos prisa” sentenciaba El Quijote. En la lentitud está el secreto de la madurez. Madurar requiere tiempo ya sea para las frutas, para el vino, para las naciones o las grandes ideas.