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jueves, 3 de septiembre de 2026

Coyote vs. Acme: cuando los fans se enfrentan a la corporación



Hay una tonta ironía que me persigue desde que supe la historia completa de Coyote vs. Acme.

Durante décadas, el Coyote compró productos de una compañía que prometía entregarle al Correcaminos y que, sistemáticamente, terminaba destruyéndolo a él. Es la broma que todos entendimos de niños. Lo que no entendimos entonces es que, afuera de la pantalla, el verdadero adversario del Coyote no iba a ser ACME. Iba a ser una corporación de verdad.

Warner Bros. tenía la película lista. Actores, director, efectos, una historia terminada. Y decidió no estrenarla. No porque fuera mala, sino porque, bajo cierta lógica contable, una película puede valer más muerta que viva: como deducción fiscal, como pérdida que conviene absorber antes que arriesgar.

Ahí es donde se cae una ilusión que arrastramos hace tiempo: la idea de que el cariño del público protege a una obra. Firefly, Farscape, Jericho ya nos lo habían enseñado. Se puede amar una serie, escribir cartas, inundar redes sociales enteras de reclamos, y aun así no tener nada que decir sobre su destino.

Y sin embargo, esta vez hubo una excepción parcial, y tiene nombre: Marco. Un fan que se disfrazó de Wile E. Coyote y se plantó, bajo la lluvia, frente a los estudios Warner, con un cartel que pedía liberar la película. No era un ejecutivo ni un crítico influyente. Era, literalmente, el personaje suplicando por su propia historia. Con el tiempo se convirtió en la cara visible de una campaña que otros siguieron, hasta que la insistencia —la de él y la de tantos más— terminó abriéndole una grieta a una decisión que parecía sellada.

Amar una obra y poseerla siguen siendo cosas distintas. Los fans tienen el cariño; las corporaciones, los derechos. Pero Coyote vs. Acme recuerda algo importante: a veces alcanza con que alguien se niegue, tercamente, a soltar.

Por eso importa, aunque los fans no hayan ganado la guerra, rescataron una batalla. Y quizás ahí esté la moraleja: ACME nunca pudo detener al Coyote. Una corporación, en cambio, sí puede detener una historia entera.

Hasta que alguien, disfrazado y bajo la lluvia, decide que no está dispuesto a dejarla morir.

miércoles, 12 de agosto de 2009

finales cine

Hay muchas películas con grandes finales.
Se lo que pueden pensar: “que esta es sólo ota lista, que todas las listas son odiosas, que es un recurso cliché, que necesariamente son arbitrarias y de criterio personal” pero, ya decía el cuentista Uruguayo Horacio Quiroga que, para contar una historia, hay que tener siempre presente el final; y también afirmaba mi abuela (no tan famosa como Quiroga pero no menos acertada) El final es lo que salva a muchas películas mediocres, cualquiera puede encontrar ejemplos; el final es lo que hace que una gran película sea una obra maestra, por eso quiero hacer un homenaje a grandes finales del cine. Dos criterios se emplearon para hacer esta selección: que tuviera un sorpresivo al final o en su defecto que labrara en el mármol un momento inolvidable en la historia del cine.
Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999). El primero que esperaba ¡una lluvia de ranas! que levante la mano. ¿Nadie? El azar es así, dotado en esta película de una belleza superlativa. No importa si es creíble o no, el final a una interesante película de nada menos que tres horas de duración es muy adecuado y son memorables las escenas del policía y la drogadicta, y el policía y el homosexual que iba a robar a su jefe. Todo por una lluvia de ranas. Y la excelente música de Aimee Mann. Esto es cine, señores.
Seven (David Fincher, 1995). Una película de bajísimo presupuesto, con un final arrollador. Kevin Spacey el espectador se despega del respaldo… ¿qué habrá en la caja? El rostro de Morgan Freeman al ver lo que hay en el interior lo dice todo. Por mucho que el personaje de Brad Pitt se resiste, al final ocurre lo que tiene que ocurrir. Ante una película realmente impactante, el final no es menos, al introducir una victoria del psicópata que aún dejando impotente al espectador, da la sensación de que es lo más adecuado.
El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) Casi todo el mundo coincide en que este episodio es el mejor de la hexalogía de George Lucas. Aparte de tener mayor variedad de escenarios en general que la primera parte, los personajes son algo más profundos, la película es más oscura, y ¡qué final! Ese malvado ex jedi intentando atraer al mojigato Luke Skywalker al lado oscuro, y cuando no le queda otro recurso que usar, el irrepetible “Luke… ¡I am you father!”. Quizá algunos ya se lo esperaban, pero no por eso deja de ser emocionante.


Sexto sentido (M. Night Shyamalan, 1999) El desconocido Shyamalan dejó a todo el mundo con la boca abierta con esta película, que automáticamente se convirtió en un clásico del terror y generó infinidad de imitaciones, algunas que copiaban incluso su increíble final, como Los otros, de Amenábar. Digan lo que digan, casi nadie se dio cuenta de lo que pasaba hasta que el director quiso, y creo que todo el mundo tuvo que ver la película otra vez para percatarse de que en realidad todas las escenas de Bruce Willis podrían haber ocurrido sin estar él allí. Con razón al niño lo llamaban pirado: se pasaba las horas hablando con un fantasma (I see dead people!)

El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968) Lo cierto es que el final de antología es de El planeta de los simios: "You maniacs! you blew it up! damn you! God damn you all to hell!", durante los últimos 35 años, guionistas y directores se han esforzado por mejorar o siquiera igualar el shock, la sorpresa mortífera lógica de las olas golpeando a la srta. libertad ¿alguien le llegará? con el dolor de mi corazón, lo dudo.



En el peor de los casos, si no viste ninguno de estos finales perdiste miserablemente tu vida