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domingo, 26 de julio de 2026

Corrupción política y responsabilidad ciudadana


Hay un nombre que estos días vuelve a aparecer en las noticias del norte: Karen Rojo. La ex alcaldesa de Antofagasta, esa misma que gobernó la comuna durante casi una década, llegó de regreso a Chile escoltada por la PDI tras un vuelo comercial, después de más de cuatro años fugada en los Países Bajos. La habían condenado por fraude al fisco y negociación incompatible, en el llamado caso Main, y aun así, cuando se confirmó la sentencia, alcanzó a subirse a un avión y salir del país. Ahora la vemos volver esposada, como quien cierra un círculo que debería habernos dolido mucho antes.

No sé si eso es justicia o simplemente el reloj que por fin alcanza a alguien. Pero me quedo pensando en la imagen: la misma persona que alguna vez dio discursos sobre transparencia y vocación de servicio, bajando de un avión con custodia policial. Y pienso que esta pregunta —¿en qué momento dejamos de esperar algo distinto?— debe rondar la cabeza de millones de chilenos cada mañana, mientras revisan las noticias con el café todavía tibio.

No sé si la pregunta tiene respuesta, o si simplemente es una de esas cosas que uno carga sin resolver, como una piedra en el zapato que ya ni duele, solo está ahí.

Lo que sí sé es que hay un cansancio que ya no se puede disimular. No es indignación —la indignación se agota, cambia de forma, se convierte en otra cosa—. Es más bien el hartazgo de ver siempre la misma coreografía: la oratoria fervorosa sobre la democracia, la promesa de transparencia repetida con la mano en el pecho, y después, con los años, la misma cara saliendo por la puerta de un juzgado, esta vez sin discurso.

Y pienso en la vieja frase de que una imagen vale más que mil palabras. Será cierto. Porque de tanto escuchar promesas, uno termina por no creer en las palabras, y solo confía en lo que ve: los flashes, la puerta del tribunal, el silencio incómodo de quien antes no paraba de hablar.

Lo curioso —o lo trágico, según el día en que uno lo mire— es que todo esto ocurre con nuestro consentimiento. Votamos. Elegimos. Y mientras arriba se reparten el poder y sus beneficios, abajo hay una familia a la que están por desahuciar, una mujer que no consigue hora para una mamografía, un estudiante que hace cálculos imposibles para pagar el próximo semestre. No sé si eso es ironía o simplemente la forma en que funciona el poder: silencioso hacia arriba, ruidoso hacia abajo.

Tal vez no haya una conclusión limpia para esto. Tal vez lo único que nos queda es preguntarnos, otra vez, con el café ya frío, qué es exactamente lo que estamos dispuestos a seguir tolerando.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Perder el norte

Cuando alguien empieza a desvariar, a tomar decisiones absurdas o a perder el hilo de lo evidente, decimos que está perdiendo el norte. La frase funciona porque el norte es, en apariencia, lo más fijo que existe. Una referencia inmóvil. Una verdad sin discusión.

Lo curioso es que el norte no es nada de eso.

El norte magnético migra constantemente. Hoy se desplaza hacia Siberia a razón de varios kilómetros por año. El polo celeste que usaban los navegantes antiguos también se mueve: Polaris no siempre fue la estrella polar y dejará de serlo. El norte, en rigor, es una convención que funciona porque todos acordamos sostenerla, no porque sea estable por naturaleza.

Pero hay otra inestabilidad que me resulta más cercana.

Chile tiene un norte concreto, con nombre propio y historia sangrienta. Atacama, Tarapacá, Antofagasta. Territorios que no siempre fueron chilenos y que pasaron a serlo después de una guerra que dejó muertos en el desierto, comunidades desplazadas y fronteras reescritas a punta de bayoneta. La Guerra del Pacífico no fue un trámite diplomático. Fue una disputa feroz por el salitre, por el cobre, por la riqueza que dormía bajo esa tierra seca. Chile ganó, y con la victoria se quedó con el mineral, con el territorio, y con siglos de cultura que ya habitaban ese desierto antes de que llegara cualquier bandera.

Lo que vino después es conocido, aunque pocas veces se diga con todas sus letras. El norte entregó salitre hasta que el salitre se acabó, o más bien hasta que lo reemplazaron artificialmente y lo volvieron prescindible. Entregó cobre, y sigue entregándolo. Financió guerras, crisis, recuperaciones y bonanzas que se celebraron en Santiago. Y a cambio recibió campamentos, polvo, olvido administrativo y la condescendencia ocasional de quienes descubren con sorpresa que allá arriba también hay gente.

El país usa "el norte" como metáfora del buen camino, de la razón, de la rectitud. Pero su norte real ha sido durante más de un siglo uno de los lugares menos escuchados, menos representados, más exprimidos del territorio nacional. No es guía. No es centro. Es extracción.

Hay algo más que paradójico en eso. Hay una deuda.

Quizás perder el norte no sea tan grave. Quizás lo grave es haberlo tenido siempre como despensa y nunca como brújula.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Elecciones




Se acercan las elecciones, y como siempre no me gustan, ahora sé porque, porque los políticos son unos cerdos egoístas, también las empresas corruptas que financian sus campañas, tampoco me gustan los votantes (que después de las elecciones toman el papel de víctimas), y es que imagino al votante que aún cree sinceramente; imagino su contrato basura (de las mismas empresas corruptas), sus deudas en escalada, sus problemas familiares, la lucha por llegar a fin de mes con su mísero salario que lo obligará a pagar los excesos de empresas coludidas, y la angustia que poco a poco se hace presa de su vida y los reproches de su esposa... y a los políticos les dará igual, porque jamás pensarán en el votante sincero que creyó en ellos, porque sólo les importan sus dietas, sus viáticos sus asignaciones... y le sonreirán de nuevo el día que necesiten de su voto, y al votante sincero aun le faltan 30 años para jubilar... 


(editado)





viernes, 23 de enero de 2015

Los Comerciantes


En la feria de la vida hay comerciantes vocacionales y otros accidentales. El comerciante vocacional igual te vende zapatos, que ropa, que plantas, que jamones porque lo suyo es vender . El comerciante accidental, aunque el accidente dure toda la vida, llega a la feria porque lo suyo son las plantas, o los jamones y necesita venderlos para vivir .

El segundo, el que vende sus plantas, tiende a saber de plantas porque eso es lo suyo. El primero tiende a saber de ventas porque eso es lo suyo. Estos son los que suelen llevarse el gato al agua.

En la feria electoral sucede lo mismo. Unos igual te venden centrismo que derechismo que falangismo que lo que sea. Te venden lo que el mercado pide (aún si te vende piedras calientes). Son la clase de gente que flota siempre en cualquier sistema y situación. Crean un partido y de elección en elección van rellenándolo con artículos distintos como el comerciante vocacional. Últimamente lo que se lleva es el centrismo, pues venden centrismo, con un toque de ecologismo, no mucho, que también se lleva y una pizca de feminismo que hace bonito y así.

Otros sin embargo solo tienen una mercancía, una propuesta, la suya. Y, hecha la propuesta, el público decide si le interesa o no. Así, si tiene muchos compradores esa propuesta tendrá mucha presencia y si tiene pocos tendrá poca. Puede, este comerciante accidental, intentar mejorar la técnica de venta e incluso ampliar la oferta, digamos vender más clases de plantas para llegar a más público potencial y hacer viable el negocio, pero no cambiar el producto porque lo suyo no es la venta, es el producto.

En la feria electoral, como en la feria de la vida, yo me quedo con estos últimos. Más que nada porque los primeros pueden aprovechar tu voto para comprar la mercancía que venderán la próxima temporada que no tiene porqué ser la que a uno le gusta. 

Claro que uno no tiene alma de comerciante. Y el mundo es de los comerciantes. De los comerciantes vocacionales.

lunes, 8 de julio de 2013

Elecciones Presidenciales, ¿Por quién votar?


En medio de la vorágine política de las elecciones Presidenciales uno se pregunta cual es el sistema político que debería elegir para gobernar el país. Y dígase así, sistema político porque no es que uno escoja un candidato sino toda la maquinaria política tras él, así las cosas mi imaginaria maquina de divagación hecho andar en busca de una respuesta que vino de donde menos la esperaba un mail desde algún lugar de este país de cuyo nombre no quiero acordarme y rezaba así:

"Mi querido marcos
           
                             La teoría política es a veces muy difícil de entender por el léxico que se utiliza y por la complejidad en la que caen ciertos conceptos y paradigmas. Afortunadamente el lenguaje tiene la virtud de poder explicar la misma cosa a diferentes niveles, y esto lo puedes comprobar con el siguiente ejercicio:

¿Cuál es la diferencia entre los diferentes sistemas políticos?

Socialismo: Usted tiene dos vacas, dele una a su vecino.

Comunismo: Usted tiene dos vacas, déselas al gobierno. Este le dará leche.

Capitalismo: Usted tiene dos vacas, venda una y compre un toro.

Fascismo: Usted tiene dos vacas. Usted las ordeña y le da la leche al gobierno. El gobierno vende la leche.

Nazismo: Usted tiene dos vacas, el gobierno le dispara y se queda con las vacas.

Anarquismo: Usted tiene dos vacas. Róbese otra; dispárele al gobierno.

Neo-Liberalismo: Usted tiene dos vacas. El gobierno deja importar vacas y las suyas
quedan valiendo cero. Usted vende sus vacas y el gobierno le cobra impuestos.

Conservatismo: Usted tiene dos vacas. Mátelas y embalsámelas.

Liberalismo:Usted tiene dos vacas. Usted las ordeña y le da la leche al gobierno. El
gobierno tira la leche por el sifón.

Chilenismo: Usted tiene dos vacas, pero no puede hacer nada porque los delincuentes ya lo tiene boleteado.
                    Atentamente su amiga Lissete."