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domingo, 20 de septiembre de 2009

Plegarias de piedra

Las catedrales góticas se divisan en Europa desde muy lejos, construidas para un mundo que se antoja demasiado pequeño.

Los franceses inventaron la arquitectura gótica (el adjetivo "gótico" se utilizó originalmente en sentido peyorativo, empezó a usarse en Italia para ridiculizar un tipo de arte ajeno a los cánones grecorromanos de la belleza) y erigieron las más bellas muestras como una fuerza creadora; de las ciento ochenta y tantas catedrales góticas europeas, unas ochenta se levantan en Francia.

¿Cuál es la más bella?

¿Nuestra Señora, Amiens, Laon, Beauvais, Reims, Chatres, Bourges?. No hay dos que se parezcan. Reims, es de color amarillo claro; Nuestra Señora, blanca como la nieve; Chartres, de un gris azulado; Estrasburgo, de rosa brillante, pero lo que las distingue de otras estructuras antiguas es su pasmosa audacia de diseño que le hace a uno sentirse como pigmeo.

Empezaron en tanto a surgir catedrales góticas en otros muchos países, en Inglaterra, Alemania, España y los Países Bajos hay hermosas variantes, en Francia misma floreció magníficamente antes de desvanecerse poco después del año 1500, por fortuna nuestra, los arquitectos góticos construían para la eternidad, homenajes vivientes a Dios, siguen significando lo que se deseó que fueran, plegarias de piedra.

viernes, 24 de julio de 2009

Luz


La luz es un elemento mágico. La aprovecharon con maestría los grandes arquitectos de la antigüedad para evocar un estado de ánimo. Los egipcios tallaron el templo de Deir el Bahri en las piedras mismas de la rivera occidental del Nilo, a fin de que el sol matutino lo tiñese de un encarnado púrpura sanguíneo que infundiese un temor reverente. Los arquitectos bizantinos adornaban sus cúpulas con brillantes mosaicos para que la luz, reflejada confusa y deslumbrante de una parte a otra, velara las formas del misterio. Los constructores góticos filtraban la luz a través de cristales de colores para que salpicara y danzara sobre la piedra gris. Y los maestros barrocos, en sus templos enfocaban el sol, cual reflector, para realzar el dramático efecto de sus planos y en sus palacios lo hacían dar contra un muro de espejos para colmar de fulgores el salón.