sábado, 27 de diciembre de 2025

El último día de paz en la tierra




La tregua de navidad de 1914, fue el último dia de paz en la tierra, es revelador el hecho de que si bien  los dirigentes europeos se odiaban, los alemanes y los aliados claramente no, al menos una vez que se conocieron.

Pero la paz es frágil.

“La guerra es la salud del Estado”, dijo el escritor radical Randolph Bourne. 

La historia humana, está atravesada por fronteras y trincheras, muestra que la paz absoluta ha sido siempre una aspiración frágil. Los conflictos —bélicos y sociales— se repiten cíclicamente, impulsados por el miedo, el deseo de poder y la incapacidad de aceptar la diferencia. Pensar en la eliminación total de la violencia parece, a la luz de la experiencia, una ilusión.

Pero este diagnóstico no agota la condición humana. Frente al conflicto emerge la resiliencia: la facultad de reconstruir sentido tras la destrucción, de crear vínculos en escenarios de ruptura, de preservar la dignidad incluso en la derrota. No sustituye a la paz, pero permite la continuidad de la vida.

Así, mientras el conflicto revela nuestras limitaciones morales, la resiliencia manifiesta nuestra capacidad de trascenderlas. No garantiza un mundo sin violencia, pero sí uno donde la esperanza persiste. Aun sin certezas, seguimos eligiendo el mañana.

viernes, 19 de diciembre de 2025

La aniquilacion de la ortografía

 




¿Estamos ante el fin del castellano tal como lo conocemos? Probablemente no. El idioma es un organismo vivo que muta, se adapta y sobrevive. Pero, mientras tanto, no puedo evitar sentir un pequeño escalofrío cada vez que leo un "k hase" en un entorno profesional.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que las tildes no eran adornos opcionales y las "haches" no eran mudas por decreto de la pereza. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante un escenario digno de un thriller postapocalíptico: la aniquilación total de la ortografía.

Lo intentó Hervé Bazin en su ensayo de 1966, ¡Adelante, los signos de puntuación!, él sentía que el alfabeto era "emocionalmente pobre" y diseñó toda una familia de signos experimentales para matizar la voz escrita. Aunque el lenguaje moderno permite romper reglas, en la literatura se suele preferir el ritmo de las palabras sobre los signos nuevos.

Pero, ¿cómo sobrevivir en un mundo donde los puntos de suspensivos gobiernan y los emojins son el nuevo alfabeto? Es que, ¿nos estamos perdiendo algo esencial o simplemente no estamos quedando atrás y no nos adaptamos a esta nueva forma de comunicar?

El lengüaje siempre ha sido el campo de batalla entre puristas y revolucionarios y hoy las trincheras son facebbok, tweets, memes y whattapp.

Pero ojo, cuando las reglas básicas se difuminan tambien lo hace la precisión, porque seamos honestos, ¿firmaríamos un contrato escrito con emojins? ¿Entenderíamos igual a Neruda sin puntos y comas?

Tal vez la próxima gran revolución no sea tecnológica, sino gramatical: el exótico arte de poner los puntos y las comas donde realmente corresponden.

Comenten sin miedo (los puntos suspensivos, los emojins y las "k" están permitidas... por esta vez)