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viernes, 30 de octubre de 2026

Una de brujas


Ad portas de Halloween conviene contar la historia de las llamadas "brujas" no es un mito romántico ni una invención moderna: es un capítulo oscuro de la Europa entre los siglos XV y XVII, donde el miedo, la ignorancia y las crisis sociales se combinaron para desatar persecuciones sistemáticas.

Entre 1450 y 1650, miles de personas —en su mayoría mujeres— fueron acusadas de brujería. En un contexto de guerras, epidemias y hambre, la necesidad de encontrar culpables convirtió a ciertas personas en blancos fáciles. La figura de la "bruja" emergió como explicación para lo inexplicable.

Uno de los textos más influyentes fue el Malleus Maleficarum, redactado en 1487 por Heinrich Kramer. Este tratado legitimó la persecución, estableció métodos de interrogatorio y reforzó una visión profundamente misógina: las mujeres, más propensas al mal. Las cifras históricas más aceptadas hablan de entre 40.000 y 60.000 ejecuciones, aproximadamente tres cuartas partes de ellas mujeres.

Muchas de las acusadas eran simplemente viudas, mujeres pobres o personas marginadas. La acusación funcionaba como herramienta de control social; las confesiones se obtenían mediante tortura y pruebas absurdas. Hubo quienes lo reconocieron desde adentro: el inquisidor Alonso de Salazar investigó miles de casos en el País Vasco a comienzos del siglo XVII y no encontró evidencia real de ninguno. No había brujas, concluyó, antes de que se hablara y escribiera sobre ellas.

La historia de las "brujas" no es solo la historia de mujeres perseguidas, sino la de sociedades que, ante la incertidumbre, eligieron culpar y destruir en lugar de comprender. Más que un relato de magia, es una advertencia sobre lo que ocurre cuando el miedo reemplaza a la razón.

lunes, 12 de octubre de 2026

Quién nos contó quiénes somos?

En la serie Yellowstone, hay un capítulo de la segunda temporada que es especialente significativo, Monica Dutton empieza su clase con algo que parece simple. Pregunta qué es el poder. Y sin que  la sala sepa responder Ella dice: poder es lograr que alguien haga lo que no quiere hacer.

Pero ella no se conforma con eso. Saca el diario de Colón. Ahí está, en tinta, el momento exacto en que un hombre llega a una tierra que ya tenía lengua, dioses, orden propio — y en vez de preguntarse qué era ese mundo, calcula cuántos soldados hacen falta para doblegarlo.

Monica no está ahí para justificar eso. Está ahí para explicarlo. Y es importante la diferencia: explicar no es absolver. Ella no defiende al conquistador — lo entiende, lo desnuda, lo pone sobre la mesa como lo que fue. Porque antes de ser una reflexión sobre el poder en abstracto, es la historia de lo que le pasó a su pueblo. A nuestro pueblo.

Ese es el primer poder. El que somete.

Pero hay otro, más silencioso: el poder de decidir qué hacer con el vencido. Y todavía otro, más hondo: el poder de decidir cómo se cuenta lo que pasó.

Porque la conquista no fue solo tierra. Fue idioma, nombre, institución, una manera entera de leer el mundo impuesta sobre otra que ya estaba ahí. Y lo curioso es que esa imposición sobrevivió a quienes la impusieron. Los conquistadores se fueron, murieron, se disolvieron en la historia — pero la lengua se quedó.

Y entonces uno se mira al espejo y encuentra la paradoja: apellido europeo, sangre que viene de mucho antes de Europa. Hablamos con las palabras del que llegó, cargando memoria del que ya estaba.

Puede que el poder que dura no sea el que golpea, sino el que se instala en el relato — el que logra que generaciones enteras cuenten la historia con las palabras del vencedor, aunque en las venas corra otra cosa.

Quien conquista un territorio gana un mapa.

Quien conquista el relato gana algo más difícil de devolver: el significado.

Así que la pregunta de Monica no debería quedarse en qué es el poder.

La de verdad, la que hay que revisar, es otra:

¿Quién tuvo el poder de contarnos quiénes somos?

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Mas grande por dentro


El consejo en pleno de la ONU, votó por cambiar el mapa mundial y "sincerar" las proporciones...

Dicen que un mapa es papel. Líneas, coordenadas, esa clase de precisión fría. Pero basta con mirarlo un rato —de verdad mirarlo, no solo consultarlo— para notar que es otra cosa: un objeto pequeño que contiene mucho más de lo que su tamaño promete. Más grande por dentro que por fuera, como casi todo lo que de verdad importa.

Ahí caben miles de historias comprimidas: la gente que caminó esas rutas antes que nosotros, los que huyeron, los que volvieron después de años sintiendo que habían sido apenas un instante. Fronteras que aparecieron y luego se desdibujaron, como si el territorio mismo cambiara de parecer cada cierto tiempo. Y quizás cambia. Nosotros somos así de inconstantes, y el suelo que pisamos no es tan distinto.

Lo curioso de un mapa es que nos obliga a mirar en dos direcciones del tiempo al mismo tiempo. Hacia atrás, para entender el trayecto —a veces largo, a veces absurdo— que nos trajo hasta este punto exacto. Y hacia adelante, hacia todo lo que aún no ha ocurrido pero que ya está ahí, esperando, como una habitación al final de un pasillo que todavía no nos atrevemos a abrir.

Por eso no hemos dejado de hacerlos. No es solo orientación práctica. Es que, en el fondo, todos somos viajeros un poco torpes, tratando de no perdernos —no solo entre montañas, mares o desiertos, sino entre nuestras propias dudas, recuerdos, y esa esperanza terca que insiste en señalar hacia algún lugar.

Al final, el mapa que de verdad importa no es el que marca un destino. Es el que, mientras seguimos avanzando —porque siempre estamos avanzando, aunque no lo notemos— nos recuerda quiénes éramos cuando empezamos a caminar.

Y seguimos. Eso es, quizás, lo único que un mapa nunca podrá dibujar del todo.

domingo, 9 de agosto de 2026

La tragedia olvidada


Hay una asimetría curiosa en cómo la memoria colectiva distribuye el horror. Hiroshima se volvió símbolo. Nagasaki, en cambio, quedó como una posdata, como si el segundo horror pesara menos por haber llegado tres días tarde.

 Lo más trágico para sus habitantes, es que Nagasaki no era el objetivo original. El blanco inicial era la ciudad de Kokura, pero las nubes y el humo dificultaron la visibilidad. Una decisión tomada en minutos cambió el destino de cientos de miles de personas. La historia de una ciudad quedó escrita por el clima  del 9 agosto de 1945, una bomba de plutonio cayó sobre una ciudad llena de gente haciendo cosas ordinarias: madres preparando el almuerzo, niños jugando sin saber que esa mañana no iba a terminar como todas las demás, ancianos que habían sobrevivido años de guerra para toparse, en un segundo, con una muerte imposible de imaginar. 

Ese es el rasgo más perturbador de las armas de destrucción masiva: no eligen. No hay puntería moral, solo un radio de alcance. El soldado y el recién nacido caen bajo la misma indiferencia, y la dignidad humana se reduce, de un plumazo, a una cifra.

Se ha dicho que esas bombas aceleraron el fin de la guerra, que evitaron una invasión que habría costado más vidas todavía. Es un debate legítimo que probablemente nunca cierre del todo. Pero incluso concediendo esa hipótesis, queda una pregunta indignante: ¿puede una civilización llamarse defensora de lo humano mientras conserva la aniquilación indiscriminada como herramienta aceptable?

Nagasaki obliga a mirar esa grieta de frente. La técnica llegó a un punto casi divino de capacidad destructiva, mientras la ética se quedó varios pasos atrás. Hemos perfeccionado infinitamente más la forma de matarnos que el arte, mucho más difícil, de convivir.

Por eso recordar Nagasaki no es reabrir heridas viejas, sino impedir que la costumbre anestesie lo que debería seguir doliendo. El peligro real empieza cuando dejamos de estremecernos ante la idea de que una ciudad pueda desaparecer con solo apretar un botón. Mientras existan armas cuyo único propósito sea exterminar poblaciones enteras, la civilización sigue parada sobre un suelo mucho más frágil de lo que le gusta creer.

miércoles, 3 de junio de 2026

La diferencia entre saber y recordar


La diferencia entre saber y recordar del siglo XIX, un orfebre cherokee llamado Sequoyah entendió algo que muchas culturas tardan siglos en comprender: que la tradición oral es frágil. Que la memoria transmitida de boca en boca depende de que haya alguien dispuesto a escuchar, alguien que sobreviva para contar.

Sequoyah no sabía leer ni escribir en inglés. Pero observó que los colonos blancos tenían "hojas que hablan". Papeles que guardaban palabras sin necesidad de presencia física. Y comprendió que esa tecnología no era un lujo. Era supervivencia.

Durante doce años trabajó en un silabario cherokee. Ochenta y seis caracteres que representaban todos los sonidos de su lengua. Funcionó. En meses, miles de cherokees aprendieron a leer y escribir en su propia lengua. Por primera vez, podían fijar su memoria. Dejar testimonio.

La escritura no era solo comunicación. Era resistencia. Era decir: esto pasó, esto somos, y no vamos a permitir que se olvide.

Porque la memoria oral es viva y flexible, pero esa misma flexibilidad es su vulnerabilidad. Cada generación que no la recibe, la pierde para siempre. La escritura, en cambio, fija el testimonio. Lo vuelve resistente al olvido. No garantiza que se lea, pero garantiza que pueda leerse.

Sin registro escrito, la masacre se convierte en "incidente". La represión en "medida necesaria". El despojo en "proceso natural". Por eso los regímenes autoritarios queman libros. Por eso los genocidios van acompañados de destrucción de archivos. Sin memoria escrita, la historia puede reescribirse.

Hay una ilusión peligrosa en creer que conocer la historia es suficiente para no repetirla. Pero la historia sin memoria es letra muerta. Es algo que se sabe pero no se recuerda.

Saber es tener acceso a un hecho. Recordar es cargar con su peso. La memoria no es solo conocimiento: es cicatriz. Y las cicatrices no se heredan; se muestran, se cuentan, o se olvidan.

Sin memoria, la historia se convierte en abstracción. Y entonces alguien dice: pero ahora es distinto. Siempre es distinto. Los nombres cambian, los discursos se actualizan. Pero la estructura se repite. El autoritarismo no vuelve con las mismas consignas. La violencia no se anuncia igual. Pero vuelve. Y vuelve porque dejamos de recordar por qué habíamos dicho "nunca más".

Hay un retorno más cruel que el eterno retorno de Nietzsche: el retorno de lo que olvidamos que no queríamos volver a vivir. No porque lo elijamos, sino porque perdimos la memoria de lo que costó evitarlo.

Olvidar duele menos que recordar. Por eso las sociedades prefieren pasar página. Pero lo que no se integra, insiste. Lo que no se recuerda, vuelve.

La memoria no es nostalgia. Es la única forma de no repetir.

Sequoyah comprendió que lo que no se fija, se evapora. Por eso escribimos. No solo para contar historias. Sino para que alguien, después, pueda volver y decir: aquí está. Esto pasó. Esto costó. Y por eso no debe repetirse.

Porque lo que se pierde primero no es la historia.

Es la memoria.

Y cuando eso ocurre, todo vuelve a repetirse.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Cirano de Bergerac


Como no todo es tan serio ni aburrido en la vida, me he tomado la libertad de indagar un poco en la vida de nuestro Cyrano de Bergerac. Este amigo, se llamaba Savinien de Cyrano (1619-1655) y escribió obras que nada tienen que ver con el poema de Rostand, donde fue transformado en héroe en un afortunado drama en verso. Nuestro Cyrano, hasta cierto punto fue un hombre que se inscribía dentro de las corrientes que, en contravinencia con el absolutismo religioso del momento, creían en la elíptica, que la tierra giraba, y por eso vamos a encontrar en su obra El Otro Mundo y los Imperios de la Luna, referencias a Copérnico, Cardano, Yordano Bruno y va a ser escrita simultáneamente a la condena de Galileo. Muchos no dudan en calificarlo como el padre de la ciencia ficción. En el Viaje a la Luna, Cyrano, de alguna manera, anticipará situaciones de los Viajes de Gulliver. Ahora, con respecto a su nariz, según Italo Calvino, es muy probable que tuviese tan famosa y excesiva apéndice. Dado que hizo un elogio de las narices notables, elogio que, aún perteneciendo a un género difundido en la literatura barroca, es improbable que fuera escrito por alguien con nariz pequeña o roma (cita Calvino un extracto de la obra: "Los habitantes de la luna, para saber la hora, se valen de un meridiano natural formado por una larga nariz que proyecta su sombra sobre los dientes, usados como cuadrantes." Tras esta afirmación, sé que nunca debo regalarte un reloj, mi querida Clo. Pero no se trata sólo de ostentar la nariz, continúa Calvino. Los habitantes de la Luna, de condición noble, andaban desnudos, y como si no bastara, llevaban en la cintura un colgajo de bronce en forma de miembro viril: "Si esta usanza me parece extraordinaria, dije a mi joven huésped, es porque en nuestro mundo es signo de nobleza llevar la espada. Pero él, sin turbarse, exclamó: hombrecito mío, cuán fanáticos son los grandes de vuestro mundo, que exhiben un instrumento característico del verdugo, construido sólo para destruirnos, enemigo jurado en fin de todo lo que vive (como los militares). Y en cambio esconden un miembro sin el cual estaríamos en la condición de lo que no existe, el Prometeo de todos los animales, el reparador infatigable de las debilidades de la naturaleza ¡infortunado país donde los símbolos de la procreación son objeto de vergüenza y se honran los de la destrucción! Asimismo, llamad a este miembro ·"vergüenzas" (como si hubiera algo más glorioso que dar la vida o algo más infame que quitarla." Concluye Calvino que esto demuestra que el belicoso espadachín de Rostand era en realidad un adepto del hacer el amor y no la guerra. Pero incurriendo en un énfasis procreador que nuestra era anticonceptiva no puede sino considerar obsoleto. 

miércoles, 10 de julio de 2013

La problemática sindical



Los sindicatos, al menos en los países avanzados, comparten la preocupación de las empresas por mantener la producción en marcha. Su motivación es diferente, pero el objetivo es el mismo. Para el fabricante, la producción es un medio de mantener sus utilidades; por eso quiere mantenerla. Los sindicatos desean lo mismo, para conservar a sus afiliados. De este modo, la organización sindical se ha convertido prácticamente en aliada de la patronal para el mantenimiento de este sistema de corrupción popular. Y cada una necesita de la otra, porque ambas se encuentran frente al mismo insoluble problema que afecta al capitalismo actual: el que, con las actuales fuerzas productivas, puede producirse lo suficiente para solventar las necesidades de toda la población, sin necesidad de que haya millones de dólares de ganancia ni millones de personas trabajando.

La filosofía de la "solidaridad eterna", sobre la que se edificó el movimiento obrero, parece estar hecha polvo. También está hecho polvo aquello de "Trabajadores del mundo, uníos". La actitud del movimiento sindical organizado en países como Chile es, en esencia, la misma que los ocupados observan en general hacia los cesantes dentro del propio país. Se les puede arrojar un hueso de vez en cuando, pero si lograran realizar algún progreso positivo, se convertirían en una amenaza para los que aún mantienen sus empleos. El sindicalismo organizado, por ejemplo, suele oponerse a las importaciones extranjeras, al desarrollo independiente de la economía de los países subdesarrollados, a las presiones de su propio gobierno tendiente a impedir cualquier política proteccionista de aquéllos, y está dispuesto a actuar incluso como fuerza contrarrevolucionaria frente a cualquier cambio de tipo revolucionario que se opere en un país subdesarrollado.

Los funcionarios del gobierno, los dirigentes sindicales, y los profesionales universitarios a los que los primeros contratan para valerse de su capacidad mental, dedican gran parte de sus esfuerzos a la búsqueda de planes que permitan la ocupación plena. Pero cualesquiera sean los planes que elaboren, se trate de la semana de 30 horas, de nuevos y mejores planes de reciclaje o de enormes proyectos de obras públicas, están colocados en un callejón sin salida. La sociedad toda marcha hacia la plena desocupación, y no hacia la plena ocupación.


Y es que quizá vaya siendo hora de reinterpretar la antigua referencia a "los lirios del campo", que ni hilan ni trabajan...

viernes, 5 de julio de 2013

No tan genio


  Gottfried Wilhelm von Leibniz fue un filósofo, matemático, jurista, historiador, bibliotecario y político alemán, al que se considera el padre del cálculo infinitesimal… ¿o fue Newton?
 Ambos se basaron en antiguos estudios matemáticos y ambos se atribuyen la “invención” del cálculo infinitesimal. Leibniz publicó su obra “Acta Eroditorum” en 1684 y Newton publicó “Principia” en 1687, pero ambos aseguraban que sus estudios, no la publicación, eran anteriores a los de su “rival”. Al principio, su relación epistolar era cordial e intercambiaban impresiones, pero con el tiempo la relación se fue tensando hasta que Newton lo denunció por plagio.
 Los seguidores de ambos científicos echaban más leña al fuego y la disputa intelectual adquirió tintes barriobajeros. Harto de soportar descalificaciones y de perder prestigio, Leibniz decidió someter la disputa al arbitraje de la Royal Society de Londres.

¡Ingenuo! El presidente de la Royal Society de Londres era el propio Newton.

domingo, 2 de octubre de 2011

519 años y que poco hemos aprendido


Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió, a su paso por nuestra América Meridional, una crónica rigurosa, que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros, como alcatraces sin lengua, cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es, ni mucho menos, el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante muchos años, cambiando de lugar y de forma según la
fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la eterna juventud, el mítico Alvaro Nuñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática, cuyos miembros se comieron unos a otros, y solo llegaron cinco de los seiscientos que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fue descifrado es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la Colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierra de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos duró hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado, la misión alemana encargada de estudiar la construcción del ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no los hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.
La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, quien fue tres veces dictador de México, hizo
enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general Gabriel García Moreno gobernó 16 años como un monarca absoluto y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a treinta mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán erigido en la Plaza Mayor de Tegucigalpa es, en realidad, una estatua del Mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

lunes, 8 de agosto de 2011

Los hibakusha

Nagasaki, Japón 9 agosto 1945.

La bomba fue liberada a las 11:01. Cuarenta y tres segundos después la bomba hizo explosión a 469 metros de altura sobre la ciudad y a casi 3 kilómetros de distancia del hipocentro planeado originalmente. La explosión se confinó al
Valle Urakami y la mayor parte de la ciudad fue protegida por las colinas cercanas. La explosión resultante tuvo una detonación equivalente a 22 kilotones y generó una temperatura estimada de 3.900 grados Celsius y vientos de 1005 km/h.

Se estima que fallecieron inmediatamente entre 40 y 75.000 personas, mientras que el total de decesos para finales de 1945 alcanzó los 80.000.

El radio total de destrucción fue de 1,6 kilómetros y se extendieron incendios en la parte norte de la ciudad hasta una distancia de 3,2 kilómetros del hipocentro. A diferencia de Hiroshima, en Nagasaki no tuvo lugar la «lluvia negra» y aunque sus efectos fueron más devastadores en el área inmediata del hipocentro, la topografía del lugar evitó que el radio de destrucción fuera mayor. Se calcula que el porcentaje de estructuras y edificios destruidos estuvo entorno al 40%, incluyendo hogares, hospitales y escuelas.

Un número desconocido de supervivientes de Hiroshima se había trasladado hasta Nagasaki, donde nuevamente fueron bombardeados.


Las víctimas sobrevivientes de los bombardeos atómicos son llamadas "hibakusha", una palabra en japonés que literalmente significa «persona bombardeada». La edad media de los supervivientes de los ataques sobre Hiroshima y Nagasaki ya supera los 76 años y el número oficial de hibakusha, ha bajado desde los 370.000 hasta los 227.565, según datos recopilados hasta finales de marzo. El gobierno además asegura que el 1% de dichos sobrevivientes padece alguna enfermedad asociada a la radiación. Memoriales en Hiroshima y Nagasaki contienen listas de los hibakusha que se sabe han muerto desde los bombardeos. Actualizadas anualmente durante el aniversario de los bombardeos.

Un recordatorio escrito para que algo así nunca más puede ocurrir, un recordatorio más de que nunca debió haber ocurrido...

sábado, 30 de julio de 2011

Culturas

Tenía solo 13 años cuando vi en televisión un reportaje de Luisa, la última Yámana pura del mundo, no pude siquiera imaginar que significaría para ella ser la última de un magnífico pueblo... En todo el mundo, cerca de 300 millones de personas (lo que equivale apenas a cinco porciento de la población mundial), de unas cinco mil culturas que ún mantienen una fuerte identidad como miembros de una cultura indígena con raíces históricas y lingüísticas, perteneciente, según mitos y la memoria a un lugar particular. Con todo, sus visiones únicas de vida se van disolviendo cada vez más en la espiral de los cambios actuales. Tarde o temprano apareceran nuevas culturas que absorberan y aplastaran a las actuales, "problema fuera de contexto" como lo fueron las culturas americanas a la llegada de los españoles, entonces he ahí el porque debemos resguardar el vagaje cultural de los pueblos, porque más temprano que tarde en algún punto del universo las "culturas avanzadas" sabrán que el hidrógeno es el elemento mas abundante en el universo, tendrán nombres diferentes pero es lo mismo, la ciencia y la tecnología son una constante universal, está ahí para quien quiera descubrirlo si conoce las matemáticas, pero no se encontrarán Mapuches, Penans, Chipayas, o Inuits en ningun otro lugar del universo, cuando el último mito la última historia, el último baile se olvide, será para siempre. Al final, las culturas que sobrevivan serán aquellas que quieran y puedan abrazar lo nuevo según sus propios principios, rechazando todo aquello que signifique la violación total de su forma de vida.

miércoles, 20 de julio de 2011

Houston, aquí base Tranquilidad, el Águila a aterrizado...


A las 21 horas, 17 minutos y 45 segundos del domingo 20 de julio de 1969, el módulo de exploración Eagle se posó en el Mar de la Tranquilidad de la Luna. El comandante Niel Armstrong y el piloto Edwin Aldrin se vistieron con sus trajes espaciales y comenzaron a despresurizar la nave. Armstrong abrió la escotilla , encendió la cámara de televisión y desendió los nueve peldaños. "Un pequeño paso para el hombre.Un paso gigante para la humanidad" dijo al convertirse en el primer hombre que pisó la luna; lo demás es historia... Pero si las cosas no hubieses salido tal como las conocemos. Contingencias, las contingencias siempre deben estar cubiertas en todas sus aristas, y en el caso de que la misiónapolo hubiese sido un fracaso el presidente Nixon estaba preparado para leer el discurso al mundo: "El destino ha ordenado que los hombres que fueron a la Luna para explorar en paz permanezcan en ella para descansar en paz. Estos valientes hombres, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza para su recuperación. Pero también saben que hay esperanza para la humanidad en su sacrificio. Estos dos hombres pierden la vida por el más noble objetivo de la humanidad: la búsqueda de la verdad y la comprensión. Serán llorados por sus familiares y amigos; serán llorados por su nación; serán llorados por los pueblos del mundo; serán llorados por la Madre Tierra que se atrevió a enviar a dos de sus hijos hacia lo desconocido. En su exploración, agitaron a los pueblos del mundo para sentirse como uno; en su sacrificio, unieron más estrechamente la hermandad de la humanidad. En la antigüedad, el hombre miró y vio estrellas en las constelaciones a sus héroes. En los tiempos modernos, hacemos lo mismo, pero nuestros héroes son hombres épicos de carne y hueso. Otros los seguirán, y seguramente encuentren su camino a casa. La búsqueda del hombre no será negada. Pero estos hombres fueron los primeros, y que seguirán siendo los principales en nuestros corazones. Para cada ser humano que mire a la Luna en las noches venideras sabrá que hay un pedazo de otro mundo que es humano para siempre"

sábado, 16 de julio de 2011

Algo de historia

...Y luego vinieron las carreteras, el crecimiento de las fábricas y la banca, la fabricación de armas de tierra, mar y aire y el armamentismo; la aparente mejora de la economía, mediante un rígido control del trabajo, la prohibición de la huelga, la censura, el rígido control de los salarios. A partir de 1930 ya tiene discípulos bien armados en toda Europa. Hasta en Inglaterra y en Francia los sectores más conservadores y adinerados miran con simpatía al grotesco dictador, nuevo héroe salvador de la riqueza de Italia. Y, por supuesto, Adolfo, el austro-alemán, que ya ha escrito "Mein Kampf" y se prepara a superar al propio maestro.

Luego, el delirante sueño de reconstruir el Imperio Romano. Comienza a hablar de "Romanismo" y decide invadir a la pobre, atrasada y sufriente Etiopía. Los tanques italianos se pasean por las grandes sabanas, persiguiendo a etíopes armados de lanzas y, en las ciudades, aniquilan poblaciones con el horrendo gas mostaza. El Duce, desde Roma, proclama en las alturas de los balcones, entre estandartes y sonidos de epopeya, la era de una nueva grandeza. Ha firmado un Concordato con el Papa, arreglando la vieja cuestión de los territorios pontificios y formando el Estado Vaticano. Ello le ganará la completa bendición divina en su empresa imperial. Así, la Iglesia bendice las armas que marchan a matar gente, generalmente pobre y desvalida, en las llanuras de Africa.

Después llegó la cuestión de intervenir en España, para ayudar al general Franco. Y ahí la cosa cambió bruscamente. Para los italianos, la guerra en Africa era algo lejano, exótico, que distraía y parecía buen negocio; en fin..., como que se podía entender. Pero ya la antiquísima Iberia, hermana tradicional del Mediterráneo, era otra cosa...Y ahí le surgieron a Benito las primeras resistencias fuertes, que llegaron hasta la rebelión violenta. No pasaron de eso, sin embargo. Después de todo, Inglaterra, Francia y otros países occidentales apoyaban, bajo cuerda, el asunto de Franco.

Poco importó entonces aquella inmensa mayoría española que había demostrado su inequívoca adhesión a la República. Se produjo la intervención y aquello, como todos sabemos, fue el grande y siniestro ensayo general de la mayor guerra que la humanidad conociera: la guerra de los 50 millones de muertos: la guerra del horror y la ruina general; la guerra en la que, ya completamente alienado y perdida totalmente la brújula, Mussolini no quiso quedar detrás del que consideraba su discípulo.

Hitler y la industria pesada alemana, apoyados por la complacencia internacional que en él confiaba para terminar con el peligro bolchevique, tenían decididamente la iniciativa. Y entonces es cuando asistimos al lamentable espectáculo de un Mussolini casi esperpéntico, librando batallas ridículas y perdiéndolas todas, para luego ser socorrido por las Divisiones Panzer, la Luftwaffe y la Wermacht de la esvástica.

También él, pues no podía ser menos que el otro, persiguió, encarceló y vejó a los judíos, y a los gitanos, y a toda oposición democrática que ya era prácticamente toda Italia. También él, con la complicidad del silencio de Pío XII y de todos aquellos que lo habían usado, sumió a su país en la pesadumbre y la destrucción total. Y luego, cumplida la misión para la que lo habían entronizado, aquellos que ya habían hecho su negocio lo arrojaron al costado. Hubo de renunciar, y Hitler (que fue, reconozcámoslo, el único que le fue fiel hasta el fin), tuvo que hacerlo rescatar en una espectacular operación comando, para que gobernase una inventada y fantasmal "República Social del Norte de Italia", mientras por el sur se acercaba, imparable, la invasión aliada.

Por fin, cuando ya se escuchaban, en la campiña romañola que lo viera nacer, los cañonazos de las tropas aliadas, se tuvo que disfrazar de soldado alemán para intentar la huida. El, ¡el glorioso Duce imperial de la Gran Italia Fascista! Echándose un capote y colocándose un casco de acero trató de escapar haciéndose pasar por un soldadito alemán más, de aquellos que ya huían en derrota por la Europa entera.

De esta forma, el que había sido hijo de un herrero idealista, y había recibido el nombre de Benito Juárez, fue descubierto en una carretera cercana a Milán, junto a su compañera de la última hora, Clara Petacci, y a otros soldados tristes y llenos de miedo, por un grupo de "partisanos", los viejos y gloriosos guerrilleros que desde la montaña le habían combatido, heroica y sacrificadamente, todos esos años. A la 3 de la tarde del 28 de abril de 1945, le colocaron contra una vieja pared, de esas típicas paredes encaladas de las granjas de Italia, en la aldea Giulinno di Mezzegra, y le fusilaron.

Tres días después, encerrado como un perro, se suicidaba su discípulo y luego patrón, el omnipotente Adolfo. Y todavía hoy, el mundo sigue sufriendo algunos resabios de aquel tremendo error, de aquel trágico negocio formidable de unos pocos, que fue la aventura del nazi-fascismo-falangismo.


¿Qué más quieren que diga? Yo, en lo personal no estoy a favor de la pena de muerte. Pero si hubiese estado en el norte italiano aquel 28 de abril de 1945, hubiera pedido gustosamente un fusil, y hubiera disparado también contra aquel perro sin alma. Hubiera disparado con tristeza...Pero hubiera disparado.

martes, 12 de julio de 2011

Big-Ben

Su idea fue genial, trabajó con esmero, poniendo cuidado en cada detalle, incorporó al mecanismo elementos revolucionarios para la relojería de la época; sin embargo cuando sir Benjamin Hall hizo colocar el gigantesco reloj en la Torre de San Esteban, seguramente no imagino que llegaría a ser tan preciado para sus compatriotas y que estos harían mundialmente famoso su nombre,
Desde el 11 de julio de 1859, ajustar los relojes con las campanadas del Big-Ben (el Gran Benjamín) llegó a ser una costumbre entre los ingleses tan afectos a los horarios. Depositario de una exactitud a toda prueba, primero en londres y después en toda Inglaterra -al ser transmitidas sus campanadas por la BBC- se transformó en un símbolo de la puntualidad británica, más aun al soportar estóicamente la prueba que significó la II Guerra Mundial, los bombarderos alemanes se ensañaron con la capital pero el Big-ben no pudo ser callado. Pero sorpresivamente el 15 de septiembre de 1979, a las 10.45 el Big-Ben dejó oir sólo tres de las cuatro campanadas correspondientes, ni los mejores relojeros del reino, ni el mismisimo Scotland Yard pudieron dar una explicacón satisfactoria para el "ding" perdido.
Nada pasa al inexorable paso del tiempo, porque el tiempo:
-pasa
el tiempo:
-vuela
el tiempo:
-no se detiene...

viernes, 15 de octubre de 2010

Desaparecidos


Hoy me puse a pensar en lo impensable para escribir lo impublicable y luego retornar donde nunca deberia haber retornado. (me persiguen llantos, gritos y fantasmas...me pregunto porque.)

Agusto Pinochet

jueves, 27 de mayo de 2010

Espectativas

En agosto de 1939, después de haber aplastado a varios vecinos más débiles, Adolf Hitler firmó ese mes un aciago pacto con Joseph Stalin, con lo cual se selló el destino de Polonia. Para entonces China estaba en llamas.
Sin embargo, muchos todavía esperaban que los estadistas del mundo se detuvieran al borde de la guerra. El futuro parecía prometedor, además de amenazante.
Por ejemplo la Feria Mundial de Nueva York, se podía recorrer la exhibición de Westinghousey ver las maravillas del mañana. Un futurama mostraba la “ciudad típica de 1960”, rebosante de todos los artilugios técnicos que la gente de la era de la Depresión podían imaginar, desde lavavajillas eléctricos y superautopistas a robots domésticos y autogiros personales. Naturalmente, la pobreza no existiría en esa época tan lejana. La frase “degradación ecológica” aún no se había acuñado.
Hoy sacudiríamos la cabeza ante la ingenuidad de la gente de 1939. Acertaron al predecir las autopistas y la televisión, pero ¿quién sabia entonces nada acerca de las bombas atómicas? ¿o los misiles disuasorios?¿o los computadores?¿o internet?. Unos pocos escritores de ciencia ficción, tal vez, cuyos proféticos relatos parecen de todas formas frágiles y simplistas para los gustos de hoy en día.
Setenta y un años es mucho tiempo, y el ritmo de cambio no ha hecho más que acelerar.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Internet

Un día como hoy en 1971 se envió el primera E-mail entre dos investigadores universitarios en California, iniciando así la era del Internet. Ray Tomlinson incorporó el uso de la arroba (@). Eligió la arroba como divisor entre el usuario y la computadora en la que se aloja la casilla de correo porque no existía la arroba en ningún nombre ni apellido. Creado con fines de seguridad nacional de los Estados Unidos al tiempo se hizo público y henos aquí.

Feliz día Internacional del Internet.

martes, 15 de diciembre de 2009

Más perdido que el Teniente Bello

Perderse suena raro, por el hecho de que hoy podemos llegar casi a cualquier lugar, lo que significa que también podemos ser alcanzados en cualquier parte y en cualquier momento, cada día es más difícil "perderse". Pero es una expresión muy usada en mi país y hace relación a el piloto de aviación Alejandro Bello, obsesionado con la idea de ser piloto, el Teniente Bello, rinde el examen final para obtener su diploma de aviador militar. La madrugada del lunes 9 de marzo de 1914, apareció con casco y bufanda en la pista de Lo Espejo, listo para montar su frágil pájaro (un Sanchez Besa de 80hp), a bordo del cual debe realizar el raid Lo Espejo-Culitrin-Cartagena-Lo Espejo, en un tiempo máximo de 48 horas, hay neblina por todos lados, y en el primer intento por llegar a Culitrin fallan los cuatro postulantes; Bello vuelve a Santiago, pero a las 9:30 reemprende el vuelo, logra aterrizar en Culitrin y poco después de las 17:00 despega con destino a Cartagena. El desafío es llegar antes del anochecer, pero hay bastante niebla, no se ve nada, pero Bello insiste, tanto que a las 19:00 el capitán Ávalos, al mando de la escuela pregunta por Él y como nadie sabe nada lo declaran perdido.
La policía de Melipilla registra el área a caballo, el escampavía Galvez zarpa desde San Antonio para intentar encontrarlo entre las olas. No hay caso, ningún rastro de Bello y sí muchas falsas noticias sobre su paradero. El gobierno de Don Ramón Barros Luco y la misma Escuela de Aviación dan por terminada la búsqueda. Bello está perdido.

El año 1988, nuevos antecedentes motivan una búsqueda en el sector del cerro la Rinconada, un grupo integrado por seis taxistas, dos Carabineros y un chico de 17 años (que oficia de guía) parte en su búsqueda, no tienen éxito. Hasta hoy el Teniente Bello sigue perdido y el refrán con su nombre vivito y coleando.

El parte oficial reza que se perdió supuestamente frente a las costas de San Antonio, aunque posteriores antecedentes permiten suponer que Bello (y su avión) descansaría no tan en paz entre los espinos de la Quebrada del Diablo...

jueves, 15 de octubre de 2009

Conquista

Esta semana como es conocido por todos se "celebró" un aniversario más del fatídico día en que el Almirante Christoforo Colombo, diera a los reyes católicos la oportunidad de hacerse de un nuevo mundo para conquistar, pero posteo hoy, sólo por graficar mejor lo que vino después de Colón, y la oleada de gente que atrajo.En 1527 el conquistador español Alvar Núñez Cabeza de Vaca llegó a orillas del nuevo mundo, en busca de poder y fortuna (como no). La expedición naufraga en las costas de Louisiana. Inmediatamente fue atacado y capturado, casi todos sus compañeros de viaje, murieron asesinados. Esclavizado de Vaca optó por abrazar las creencias de sus captores y seguir sus pasos, se convirtió en sanador. Con el tiempo lo liberaron y de Vaca atrajo sus propios seguidores, que creyeron que tenía poderes sobre la vida y la muerte. El desierto lo había transformado. No fue el primero, ni sería el último, todos locos, y quizá esa sea la herencia latinoamericana.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Un dia de septiembre

…Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
Éstas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.


(Salvador Allende 11 de septiembre 1973).