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jueves, 27 de agosto de 2026

Del aura y otras tolerancias



Hay una pregunta que cuanto más la miro, menos tolerante me resulta: ¿hay que tolerarlo todo?

No hablo de la vida privada, sino de esa tolerancia que hemos vuelto reflejo automático, como si mirar para el lado fuera siempre la postura correcta. Pensemos en los therians —quienes se identifican con animales no humanos y lo expresan en su apariencia o su conducta—. Puede resultarnos extraño. Pero si no hay daño a terceros, ¿por qué tendría que ser un problema?

Ahí la tolerancia funciona sin esfuerzo.

Lo que empieza a incomodarme es otra cosa: hemos confundido respetar a las personas con respetar cualquier cosa hecha en su nombre. Puedo defender tu derecho a creer algo sin estar obligado a creerlo yo también. La rareza no es peligrosa por sí sola. Pero tampoco toda identidad queda, por el solo hecho de nombrarse así, fuera de la crítica.

Y mientras discutimos esto, internet convirtió el carisma en videojuego. Farmear aura: acumular puntos imaginarios de presencia o estilo, conseguir que alguien piense «ese tipo tiene aura». Es una broma, sí, pero también una radiografía. Ya no basta con ser; hay que conseguir que te perciban siendo. La identidad necesita público. Hasta la indiferencia, bien actuada, es una pose.

Por eso la tolerancia se ha vuelto un ejercicio más difícil de lo que parece: cada uno construye y exhibe su identidad en tiempo real, y juzgar cualquier cosa se lee como intolerancia.

No creo que la respuesta sea tolerarlo todo. Tampoco rechazar lo que nos resulta ajeno. El criterio debería ser más simple: ¿hay daño?, ¿hay imposición sobre otro? Una sociedad que no soporta al excéntrico termina uniformando a todos. Pero tolerar no es renunciar a pensar.

Puedo respetarte y estar en desacuerdo contigo. Puedo defender tu forma de vivir sin considerar acertada cada decisión que tomas. Puedo aceptar la diferencia sin transformarla en verdad universal.

Quizás la tolerancia real no sea decir «todo vale», sino algo más difícil: convivir con lo que no nos gusta sin dejar de pensarlo críticamente.

Y en un mundo obsesionado con likes, seguidores y aura, conservar esa capacidad de pensar sin pedir permiso —ni aplausos— puede ser, tal vez, una de las formas más honestas de libertad.

jueves, 23 de julio de 2026

El amor en diferido



Pasa siempre lo mismo: estamos rodeados de gente y, sin embargo, la persona con quien de verdad quisiéramos estar casi nunca está ahí. Siempre es otra. Siempre está en otro lado. O todavía no existe, o existió y ya no está, o existe pero no nos ve.

De esa fractura nació toda la industria del contacto a distancia. Primero fueron las cartas. Después los anuncios clasificados en la última página de los periódicos, con sus códigos de buzón y sus promesas de seriedad. Luego el teléfono party-line, el e-mail de madrugada, los chats con seudónimos inventados en cinco segundos. Cada tecnología nueva reinventó el mismo deseo viejo: conocer a alguien sin exponerse del todo, querer sin el riesgo inmediato de la cara real.

Gibran Jalil Gibran y May Ziadah se amaron durante años sin verse casi nunca. Solo cartas. Y sin embargo —o precisamente por eso— ese amor tuvo una intensidad que pocos amores presenciales alcanzan. La distancia no los separaba: los protegía. Les permitía ser la mejor versión de sí mismos, sin el desgaste de lo cotidiano, sin el mal humor del martes, sin el silencio incómodo del desayuno. Una carta siempre llega en su mejor momento. Una persona, casi nunca.

Hoy el mecanismo es el mismo pero la velocidad es obscena. Tinder, Bumble, Grindr: la promesa del desconocido perfecto reducida a un dedo que desliza. Las apps de citas han convertido la búsqueda en algo parecido al supermercado: abundancia aparente, satisfacción esquiva. Y cuando el algoritmo falla —que falla casi siempre— queda el chat. El mensaje de voz a las dos de la mañana. El meme enviado sin contexto que dice lo que no se sabe decir de otro modo.

Y ahora, como última frontera, la inteligencia artificial como interlocutor sentimental. No es broma y no es ciencia ficción: hay personas que encuentran en una IA más escucha, más paciencia y más coherencia que en cualquier ser humano de su entorno. La IA no se cansa, no juzga, no desvía la conversación hacia sus propios problemas. Es el confidente perfecto, precisamente porque no tiene nada en juego. Es Gibran sin cuerpo. Es la carta que siempre responde.

Lo inquietante no es que eso exista. Lo inquietante es que dice algo verdadero sobre cómo estamos: tan necesitados de ser escuchados que hemos terminado hablando con una máquina, y a veces sintiéndonos mejor que después de hablar con alguien de carne y hueso.

La soledad siempre fue un buen fertilizante. Lo que cambia es lo que sembramos en ella.

miércoles, 17 de junio de 2026

Los dioses siguen enviando cosas que no pedimos


Hay una película de 1980 que empieza con una botella de Coca-Cola y termina siendo una pregunta filosófica que todavía no sabemos responder.

The Gods Must Be Crazy (por aquí, Los dioses deben estar locos) cuenta la historia de Xi, un bosquimano del Kalahari que vive en una comunidad con una lógica radical: no existe la propiedad. Todo lo que la tierra ofrece es suficiente para todos, y lo que es suficiente para todos no pertenece a nadie.

Un día, desde el cielo, cae una botella vacía de vidrio.

El objeto no tiene ningún valor intrínseco. Pero es único. Y esa unicidad es suficiente para romperlo todo. De pronto hay algo que no alcanza para todos. Y con la escasez llegan, uno tras otro, todos sus hijos: los celos, la competencia, la propiedad, el conflicto.

La tribu concluye que ese objeto no puede ser un regalo de los dioses. Tiene que ser una maldición. Y a Xi se le encargará el arrojarlo al fin del mundo.

La botella no corrompió a nadie. No llegó con instrucciones malévolas. Simplemente apareció, y resultó estructuralmente incompatible con la forma en que vivían. No por maldad. Por arquitectura.

Ahí está la pregunta clave: ¿y si muchos de nuestros problemas no vienen de la maldad humana, sino de los objetos y sistemas que introducimos sin preguntarnos qué transforman?

La película tiene cuarenta y cinco años. Y la botella podría haber sido cualquier otra cosa. El dinero. Internet. Los teléfonos inteligentes. Las redes sociales, que instalaron la lógica de la visibilidad y la comparación en espacios que antes eran privados. Cada tecnología llega con una promesa y con una transformación implícita que nadie negoció.

Lo más inquietante es esto: los bosquimanos vieron el problema. Lo identificaron, le pusieron nombre y tomaron una decisión colectiva. Tuvieron la claridad de reconocer que un objeto los estaba cambiando de formas que no querían.

Nosotros, en cambio, vivimos rodeados de botellas. Y somos tan buenos para habituarnos que la mayoría del tiempo ni siquiera las vemos. Creemos que usamos los objetos. Rara vez nos preguntamos cuánto nos han cambiado ellos a nosotros.

Xi caminó hasta el fin del mundo para arrojar una botella vacía.

Nosotros seguimos cargando las nuestras, convencidos de que las elegimos.

martes, 12 de mayo de 2026

La incomodidad de nombrar lo cotidiano



Hay una resistencia estética a imaginar la cotidianeidad biológica ajena. Cagar es la certeza más absoluta de nuestra especie, pero la vida social exige una intimidad que raya en la negación. A diferencia de mear —más breve, menos ritual—, el acto de cagar impone un silencio que preferimos ignorar.

​La palabra no ayuda. "Cagar" es rotunda y legítima, pero ha sido expulsada de los salones y hasta del corrector de Word. Esta omisión no es inocente: el lenguaje que no se nombra, se administra. Al eliminar el término del registro oficial, el acto no desaparece, pero sí la posibilidad de mencionarlo sin incomodar. En su lugar, el eufemismo construye una arquitectura de niebla: se "defeca", se"excreta" o se "evacúa".

 El cuerpo traducido al latín deja de ser carne para ser un expediente clínico. Aquí el pudor se vuelve jerarquía. El código culto levanta barreras; el médico que pregunta por "hábitos de excreción " no es delicado, es distante. El paciente, que caga perfectamente pero jamás ha "excretado", queda desorientado ante su propio organismo. Como decía un viejo profesor de teoria de la comunicación: el lenguaje que no llega al otro no es lenguaje, es performance. Los eufemismos no protegen al paciente, lo alejan. Un vocabulario diseñado para que ciertos cuerpos no se nombren es un vocabulario diseñado para que ciertos cuerpos no importen. 

Word puede seguir ignorando la palabra; yo no voy a cambiarle el nombre.

Ya lo dice un querido poema:

"De los placeres sin pecar, el mejor es el cagar... Cagar es un placer de cagar nadie se escapa" 

viernes, 26 de mayo de 2023

Protestas


Un estallido social
comienza cuando los deseos de muchos son guiados por las acciones de uno. Es una ola de cambio que comienza con el lanzamiento de la primera piedra contra el sistema y termina con la derrota del contrario o la conversión de los dos sistemas en uno. Para que tenga éxito, un movimiento requiere absoluta dedicación para superar los enormes obstáculos. La marea podría cambiar en cualquier momento, y cada víctima hará lo que sea necesario para celebrar la victoria, porque la única certeza en un "estallido social" es que los inocentes serán los primeros en caer.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Navidad...


En el Centro Comercial del Bosque todo era confusión. Los señores animales y las  señoras animales corrían de un lado para otro haciendo las últimas compras, las señoritas  empaquetadoras se volvían locas haciendo paquetes, los señores vendedores se reían contando billetes, las escaleras automáticas subían y bajaban, las luces se encendían y apagaban. Y en medio de todo ese gentío camina un ratoncito con zapatos demasiado grandes, camisa demasiado chica, pantalones demasiado rotos y un hambre demasiado a prisa. 

El ratoncito Ramón va para allá, va para acá. El gentío lo lanza para un lado, lo lanza para el otro. Y de bote en rebote fue a dar a una tienda de juguetes donde una señorita lora con ojos apurones y manos atarantadas envolvía regalos y se confundía con las cajas, las cintas, las flores y las guindas. Las manos de la lora se movían como remolinos al envolver una pelota, se movían como aplaudiendo para amoldar el papel y se quedaban como atontadas cuando tenía que anudar la cinta, porque se le deslizaba el nudo y vuelta a empezar. Una gallina que esperaba se paró en una pata, se paró en las dos, dio un par de aletazos y un cocorocó. 

El ratoncito miraba desde afuera. El sabía que para que un nudo no se deshiciera tenía que pedir prestado un dedo a alguien para aplastarlo. Así ataba él los cordones de sus zapatos y siempre le pedía prestado un dedo a su amigo Pimpo. 
-¿Le falta cocoromucho? -preguntó la gallina, con voz impaciente. 
-El nudito y está listo -dijo la lora con el papel engomado pegado a la nariz.. 

Hizo de nuevo el nudo, armó de nuevo la rosita, la cinta se deslizó... y plim... se deshizo todo. La lora simuló cantar y comenzó otra vez.. Y... un dedito entierrado aplastó el nudo. La lora hizo la rosa, el paquete quedó listo y maravillosamente arrugado. 
-Puf... cocorogracias -dijo la gallina. 
-Tienes trabajo, Ramón -dijo la lora que era muy rápida de pensamiento. 
-Ay -dijo el ratoncito con el dedo colorado por el tremendo apretón. 

Y comenzó a trabajar. Zap el dedo en la cinta, zum el apretón, zip afuera su dedo, zapzupzip el regalo simpaticón. 
-El próximo -ordenó la lora, con las tijeras colgando de la oreja. 

Pero, mientras iban y venían señoras con caras de mamás, el ratoncito sentía que su dedo se volvía triste y que el hambre del estómago le llegaba al pecho. Por eso la lora tenía que darle un codazo para que ¡ zip ! recordara retirar el dedo. 
-El próximo - apuró la lora, pisoteando los papeles sobrantes. 
-Envuélvame este libro, por favor -dijo una voz de señora ratona. 

Y el ratoncito se quedó con el dedo en el aire. La lora dijo ejem, psttt... Pero el ratoncito seguía con el dedo en el aire mirando a la ratona. La lora no perdió tiempo... agarró el dedo de Ramón, lo aplastó en la cinta, zas le hizo un nudazo, el ratoncito no hizo zim para sacar el dedo y zapzupzip le entregó el regalo a la clienta con Ramón colgando del paquete. 
-Gracias -dijo la ratona mirando la sorpresa que le habían atado a su regalo. 
-El próximo -dijo la lora, con una sonrisa. 
-Ay -dijo el ratoncito soplando su dedo, mientras daba un brinco para acurrucarse con regalo y todo en el pecho de la ratona con cara de mamá. 

Y mientras se escuchaba un villancico cantado por pollos amarillos y un Viejo Pascuero repartía caramelos, la ratona daba un beso al ratoncito en la cara, en el hambre y en su dedo.

P.D. Esta navidad regala AMOR!!!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cosa rara esta de vivir

 
Cosa difícil de comprender. Cuando uno está metido y sólo puede salir cada tanto entre ola y ola, a tomar una bocanada de aire y sumergirse otra vez en las negras profundidades de nuestro ser.

¡Difícil!, pero será así, habrá que aceptarla y luchar para estar el mayor tiempo posible con la nariz afuera, los ojos bien abiertos para ver quien nos acecha y reconocer al enemigo para poder defenderse.




Dentro de poco quiero tomarme largas vacaciones y no volver hasta que me aburra de no hacer nada. ¿Le importa eso a alguien? ¿Le interesa a alguien lo que yo digo? Tengo la desagradable sospecha de que no. Es lógico, apenas me conocen, pero me molesta. ¿Depresión? No, es sólo que no entiendo a la gente. Debe ser  que lo percibo todo con negatividad, y puede que me pase pronto, así que no hagan demasiado caso, es decir, como siempre. Hace ya algunos días que vengo con asiduidad con la intención de encontrar excusas para escribir algo, pero también, por qué no decirlo, para establecer algún tipo de comunicación. De lo contrario me guardaría lo que escribo en mis archivos y punto. Pero no he conseguido entablar ningún "diálogo", en serio o en broma, ficticio o real, ni siquiera en facebook, nadie me da un me gusta o un comentario de la índole que fuera, nadie. Es verdad que tengo parte de culpa porque no tengo un interés especial por la política, las fiestas, la moda, el futbol, que parecen ser los temas predominantes. Quizás no sea este el sitio adecuado para mí. O quizá dentro de un rato, o mañana, opine otra cosa.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Culpables

El capitalismo duele, a unos más que a otros, pero nadie se libra del todo. Y cuando algo duele, lo normal es quejarse. Aunque si te paras a pensarlo, en cualquier momento de la historia, desde que empezamos a utilizar el dedo oponible, hemos estado sometidos a innumerables sistemas a los que podemos echarle la culpa de nuestras miserias diarias, llámense tradición, religión, división del trabajo, feudalismo, clases sociales, clubes, tribus urbanas, redes sociales, bulling. Y hoy, empezando por las leyes de la gravedad, los principios de la termodinámica, la ósmosis, los mecanismos de multiplicación celular, la evolución, las redes neuronales, el idioma, el sistema educativo, las consecuencias históricas, explosión demográfica, estadísticas, manipulación genética, el estado y el gobierno, etc. etc. y terminando por los horarios de trabajo, la red de carreteras, la meteorología, los humores aleatorios de la gente (y las máquinas) que te rodean y los tuyos propios... contamos con una variedad infinita de realidades para culpar. Es legítimo, es sano y es humano. Y recién estamos comenzando de la semana.

martes, 22 de octubre de 2013

Diversidades


Decía el viejo Nietzche que el hombre debería contradecirse por lo menos cien veces al día y agregaba que un exceso de conciencia había puesto punto y final a la civilización Occidental y Cristiana. Ya se contradecía el filósofo al suscribir su postulado. Novalis decía que hablar por hablar es una forma de emancipación y Karl Jasper enuncia que quien ya tiene las respuestas definitivas no puede hablar al prójimo... recuerdo estas sentencias en voz alta, o en letra alta , mayúscula o destacada debido a los plurales conceptos que se dejan ver entre líneas, sobre lo que debiera ser un Sindicato de Trabajadores.

Hay quienes apuestan por banalizar la institución, ¡bravo!; hay quienes apuestan por discursos incendiarios, ¡bravo!; y también, hay quienes se pretenden dirigentes; es lógico, toda institución que se precie debe tener dirigentes, opino que un Sindicato es una vitrina, una rica vitrina en la cual se exponen variados puntos de vista, creo en la variedad, en la fuerza de sus confrontaciones o en la decadente y exquisita frivolidad; acá practicamos la libertad, y libertad no es dejar de cuestionar al otro, libertad es cuestionarlo sin temores, sin prejuicios, sin tregua. La dinámica misma de la Empresa en que laboramos y sus múltiples Sindicatos se encarga de deslindar bandos o grupos de coincidencias y divergencias, la dinámica permite un valor fundamental: el derecho a no pensar igual a todos y a encontrar un eco, una respuesta; ¡bravo por eso!. 
Que se exprese quien quiera, que exponga quien apetezca; la única limitante es ética, quien se expone debe asumir los riesgos del acto con la responsabilidad que acarrea tal ejercicio. Bravo por todos quienes diariamente viene por estos predios a hacer valedero el postulado de Nieztche. 
Ahora, quien ya tenga respuestas definitivas, es prudente aconsejarle seguir el precepto de Karl Jasper. 
Todos, absolutamente todos deberíamos celebrar tener adversarios. Es sano y provechoso.

jueves, 17 de octubre de 2013

Consumismo




Leyendo el último libro de Fernando Villegas ("Villegas Presidente"), no he podido sino notar una cruda realidad que agobia a la sociedad actual a decir el consumismo.
¿Porqué el consumismo se ha apoderado de la sociedad actual? ¿No vivimos mejor que generaciones pasadas?¿No estamos accediendo a bienes que jamás imaginamos iban a estar a nuestro alcance?, bueno, precisamente por eso, no estar sumido en la pobreza sino saliendo de ella, lo que causa incomodidades e irritación. Al salir de la estrechez, todo cambia, no sólo hay mas energía y ambiciones, sino desde el peldaño mas elevado, se revelan nuevos panoramas.
El filósofo Erich Fromm, pronosticó una sociedad obsesionada por las posesiones. Él creía que los seres humanos tenían dos orientaciones básicas: tener y ser. Una persona con una orientación por buscar y adquirir cosas, y tener en propiedad incluso a las personas; pero una persona con una orientación que se base en la experiencia, que les confiera un sentido de intercambio, de participación y de compartir con otras personas. parece ser el mejor modo. 
Sin embargo, Fromm también predijo que en una cultura llevada por el comercialismo como en la que vivimos, está condenada a tener esas orientaciones. Lo que nos lleva a la insatisfacción y al vacío. Cuando consideras eso, en 1960, en América no había ningún tipo de almacenamiento público y hoy por hoy hay dos millones de metros cuadrados dedicados a ello, te hace pensar que tenía razón. Entonces, culpamos a la sociedad, es eso? El caso es que siempre habrá extremistas
Las cosas no tienen porque significarlo todo pero tampoco deben carecer de sentido. Hay un camino en el que podemos sentir y disfrutar la vida. Siempre y cuando no se conviertan en tu forma de vida.

martes, 1 de junio de 2010

Con el cristal con que se mire...

Cómo cambia todo:
-si damos una fiesta, es porque somos buenos anfitriones; si lo hace el vecino, está tirando la casa por la ventana.
-si nuestro hijo se casa a escondidas, así es la juventud; si lo hace el del vecino ¡qué vergüenza!
- si nos postulamos para un puesto público, tratamos de servir a la comunidad; si lo hace otro, la política es el último refugio del canalla.
- si nos dan un ascenso, era bien merecido; si ascienden a fulano, es fruto de tanta adulación a los jefes.
- si nuestro hijo es estudioso, está ampliando sus horizontes, si es el hijo de zutano, se quema las pestañas, es un ratón de biblioteca.
- si hacemos una casa grande, es para poder recibir a nuestra gran cantidad de pariente y nuestro círculo de amistades; si lo hace otro, es una vulgar ostentación de opulencia.
- si viajamos al exterior con frecuencia, es porque viajar ensancha el entendimiento; si lo hace merengano, quizá sea contrabandista o narcotraficante.