Los expertos en seguridad del paciente intentan responder a una pregunta que parece estadística, pero es profundamente moral: ¿Cuántas personas mueren al año por errores médicos? Hablamos de diagnósticos erróneos, infecciones, medicaciones equivocadas o altas prematuras. Es un terror que comparten médicos y pacientes, una sombra que, de no procesarse, reaparece para atormentarte.
Pero hay un error que no es clínico, ni accidental, ni "inocente". Es el error de un sistema podrido por el lobby y el privilegio político.
La sombra del poder en el Hospital El Salvador
La reciente investigación de BBCL Investiga sobre la ministra de Salud, Ximena Aguilera, no es solo un "problema comunicacional", como algunos intentan matizar. Es la radiografía de cómo funciona el poder en Chile cuando nadie está mirando.
Mientras miles de chilenos mueren en listas de espera, la madre de la máxima autoridad sanitaria fue operada con una celeridad quirúrgica que el ciudadano común jamás verá. Pero lo verdaderamente siniestro no es la rapidez, sino el costo humano: se acusa que para operarla se postergó la reexploración de un paciente que, tres días después, murió por shock séptico.
Basta de eufemismos
"No es fácil enfrentarnos a nuestros demonios", dice el texto. Y el demonio aquí es el tráfico de influencias disfrazado de "criterio técnico". La defensa de la ministra —quien afirma que solo "pidió una silla"— es un insulto a la inteligencia ciudadana.
Muchos en el Gobierno prefieren "ver solo la luz", hablando de transparencia mientras los hechos los contradicen. Pero aceptar nuestras sombras significa reconocer que, en Chile, el lobby político tiene pase directo al quirófano, incluso si eso significa dejar a otro paciente en el camino.
Reivindicar lo que somos: Ciudadanos, no súbditos
Contar estos secretos es lo que nos libera. No podemos seguir aceptando que los hospitales públicos funcionen como clínicas privadas para la clase política.
Si no denunciamos esta sombra, estamos condenados a ser atormentados por ella cada vez que nos toque entrar a un hospital público. La salud es un derecho, no una moneda de cambio para el poder.

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