
La vida es una ficción súbita donde las palabras atropellan a los signos ortográficos, tropiezan con las comas y resbalan sobre los puntos y se aplastan al final de los párrafos y se despeñan al borde de las páginas y saltan sobre los dos puntos como caballos entrenados. Palabras turgentes como cánceres descodifican la monotonía sintáctica.
