¡Hola, amigos geeks, si son fans de Superman como yo, saben que Superman Returns (2006) es esa joyita nostálgica que nos dejó con el corazón partido! En una escena icónica, Lois Lane publica su columna ganadora del Pulitzer titulada "Why the World Doesn't Need Superman" (o "Por qué el mundo no necesita a Superman", como la conocemos por acá). Imagínense: Clark regresa después de años ausente, y Lois ya avanzó en su vida, cuestionando si el Hombre de Acero es prescindible en un mundo que "creció" sin él.Quiero leer ese texto completo (¿Ustedes no?) y es que es como un fanfic profundo de Lois madurando, y en un universo post-9/11, pega duro con temas de fe, pérdida y superhéroes. ¡Si existiera el artículo entero, lo enmarcaría!
A falta de eso... Me lo invento, para tranquilizar mi espíritu... No sé si valdrá un Pulitzer pero es lo que hay.
¿Por qué el mundo no necesita a Superman?
Por Lois Lane
El mundo no necesita a Superman.
O al menos, no debería necesitarlo.
Decirlo así suena casi ingrato, lo sé. ¿Quién rechazaría a alguien que salva vidas, detiene guerras y aparece justo cuando todo parece perdido? Pero quizá ahí está el problema. En el justo cuando.
Nos hemos acostumbrado a esperar. A mirar al cielo. A creer que, cuando las cosas se salen de control, alguien más va a llegar a arreglarlo. Y mientras tanto, seguimos adelante como si no fuera del todo nuestro asunto.
Superman es esperanza, sí. Pero también se ha convertido —sin quererlo— en una excusa.
La excusa para no intervenir. Para no incomodarnos. Para no hacernos responsables de un mundo que ayudamos a construir y, muchas veces, a romper.
Cuando existe alguien capaz de hacerlo todo mejor que nosotros, es fácil resignarse a hacer menos. Admiramos su fuerza, su moral, su claridad… y aceptamos la distancia entre eso y lo que somos. Como si fuera natural. Como si no fuera peligroso.
El mundo no necesita a Superman deteniendo balas; necesita menos manos dispuestas a apretar el gatillo.
No necesita que alguien levante edificios en ruinas; necesita preguntarse por qué se siguen cayendo.
No necesita milagros constantes; necesita decisiones incómodas, sostenidas, humanas.
Superman encarna lo que podríamos ser, no lo que somos. Y duele admitirlo. No porque él esté por encima, sino porque nosotros hemos aprendido a vivir por debajo de nuestras propias posibilidades.
Un mundo que deposita su salvación en un solo ser extraordinario es un mundo que, en el fondo, ya renunció a salvarse a sí mismo.
Y tal vez el verdadero acto heroico no sea volar, ni levantar montañas, sino quedarse. Hacerse cargo. No mirar al cielo, sino alrededor.
Quizá el día que dejemos de necesitar a Superman sea el día en que empecemos, por fin, a parecernos un poco más a él.






