El 8 de marzo solemos inundarnos de cifras de desigualdad y discursos solemnes. Es necesario, sí, pero mujeres, hace falta el matiz de la actitud. Ese que no sale en las estadísticas, pero que se siente en la calle.
Hay una frase que en el mundo hispano que se suelta casi entre risas, pero que hoy cobra un sentido distinto: "Antes muerta que sencilla".
Más allá de la canción de María Isabel, esta frase encierra una metáfora poderosa sobre la resistencia. No habla de vanidad; habla de identidad. De no achicarse. De presentarse ante el mundo con un orgullo que no pide permiso para existir.
Históricamente, a la mujer se le ha pedido ser "sencilla". Y no en el sentido de humildad, sino en el de no estorbar.
- Se les pidió ser discretas para estudiar.
- Se les pidió no hacer ruido en el trabajo.
- Se les pidió encajar en estructuras que no fueron diseñadas para ellas.
Decidir no ser "sencilla" es, en realidad, una forma de decir: "No me voy a reducir para que el resto se sienta cómodo". Es la negativa rotunda a hacerse pequeña para que el mundo sea más fácil para otros.
Este 8M no va de idealizar figuras abstractas, sino de reconocer la resistencia cotidiana. Esa que vemos en la madre que defiende su espacio, en la estudiante que levanta la voz o en la profesional que ocupa su lugar con autoridad.
Si lo miramos con ese humor latino que nos caracteriza, el espíritu de la frase encaja a la perfección. Porque la dignidad también se expresa así: con la espalda recta, la mirada de frente y cero intención de ser "discretas" mientras siguen conquistando derechos.
Hoy celebreen esa negativa a ser invisibles. Porque al final, ocupar su lugar en el mundo es el acto de altaneria más elegante que existe.
Dedicado a las mujeres de mi vida, en especial a Paulina Espinoza que me enseña cada dia que para ustedes Mujeres, la importancia de pararse ante la vida " Antes muertas que sencillas"







