Hay premios que uno entiende al instante —los Nobel, por ejemplo— y otros que parecen un chiste… hasta que dejan de serlo. Los Ig Nobel viven en ese punto raro: primero provocan risa, y después dejan una idea rondando. Y eso ya es bastante más de lo que logran muchas cosas “serias”.
Las motivaciones con las que se conceden los premios son ciertamente curiosas, aunque esconden verdaderos estudios, extraños quizás, pero realizados con verdadero espíritu de investigación. de los mas locos premios entregados, me interesó el de Psicología: Los efectos de sentirte inteligente. Marcin Zajenkowski y Gilles Gignac recibieron el premio de psicología. La motivación cita: "por investigar lo que ocurre cuando se dice a los narcisistas, o a cualquier otra persona, que son inteligentes". ¿De qué estamos hablando?
El estudio se preguntaba qué pasa cuando una persona se percibe a sí misma como inteligente. No solo si lo es, sino si cree que lo es. Y ahí empieza lo interesante: quienes obtienen mejores resultados en pruebas de inteligencia tienden, como era esperable, a verse a sí mismos como más capaces. Pero junto con eso aparece otra cosa: una sensación de ser distinto, de tener algo que los demás no.
Dicho sin adornos: cuanto más te ves inteligente, más fácil es que aparezcan rasgos narcisistas.
Y el otro lado también dice bastante. Quienes se perciben como menos inteligentes tienden a mostrar menos de esos rasgos. No necesariamente por virtud, sino porque no están construyendo una imagen propia por encima del resto.
Lo llamativo es que aquí no se habla solo de inteligencia, sino del relato que cada uno arma sobre sí mismo. Porque una cosa es tener cierta capacidad, y otra convertirla en una etiqueta fija. Cuando alguien empieza a pensarse como “el inteligente”, esa idea deja de ser una descripción y pasa a ser una posición desde la cual se mira a los demás.
Y desde ahí, la comparación es casi inevitable.
Quizás lo más interesante no sea la inteligencia que se mide, ni la que se declara, sino la que no necesita afirmarse todo el tiempo. La que no coloca a nadie en un nivel distinto, sino que más bien lo mantiene en movimiento, dudando, aprendiendo.
Al final, estos premios “raros” hacen algo poco frecuente: dejan una pregunta abierta. Porque después de leer algo así, la próxima vez que alguien te diga “eres inteligente”… tal vez lo escuches de otra manera...






