Hay cicatrices que una nación prefiere no mirar frente al espejo. Nos gusta creer que la violencia estatal es un patrimonio exclusivo de las dictaduras, un paréntesis de oscuridad que se abre y se cierra con botas militares. Pero la historia de Chile guarda un capítulo que rompe ese relato cómodo: la Matanza de Pampa Irigoin.
https://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_Puerto_Montt
Ocurrió el 9 de marzo de 1969, en un Puerto Montt frío y húmedo. No fue una guerra, ni un alzamiento armado; fue el choque brutal entre la necesidad humana más básica y la frialdad de la "por la razón o la fuerza".
En el sector de Pampa Irigoin, 91 familias que no tenían donde caerse muertas levantaron un campamento. No buscaban derrocar un gobierno ni agitar banderas ideológicas. Buscaban un pedazo de tierra para clavar cuatro tablas y proteger a sus hijos de la lluvia del sur.
Lo que había allí era lo que hoy llamaríamos "la realidad": Niños jugando entre los charcos, mujeres sosteniendo hogares con lo mínimo, hombres esperando una mesa de diálogo que nunca llegó.
Lo que vuelve a Pampa Irigoin un episodio verdaderamente aterrador es su contexto: ocurrió en plena democracia.
Bajo el gobierno de Eduardo Frei Montalva y con Edmundo Pérez Zujovic en el Ministerio del Interior, la orden de desalojo se firmó con la misma pluma que firmaba leyes. La mañana de aquel 9 de marzo, Carabineros rodeó el lugar. No hubo mediación efectiva, solo el estruendo de los disparos atravesando paredes de madera y cuerpos desarmados.
Diez muertos. Diez personas cuyo único delito fue no tener un techo. La democracia chilena decidió que el "orden público" valía más que la vida de quienes dormían sobre el barro. ¿Por qué nos cuesta tanto recordar Puerto Montt 1969? Porque nos obliga a aceptar que las instituciones, incluso las que elegimos en las urnas, son capaces de ejercer una violencia ciega cuando se sienten desafiadas por la pobreza.
Olvidar Pampa Irigoin es una forma de complicidad. Cuando el Estado habla hoy de "restablecer el orden", la sombra de 1969 se proyecta sobre la mesa.
Mirar hacia atrás no es un ejercicio de masoquismo social, es una obligación ciudadana. Recordar a los muertos de Pampa Irigoin es entender que el derecho a la vivienda y la dignidad humana no pueden ser aplastados por un decreto ni silenciados por un fusil. La historia no se trata de lo que queremos recordar, sino de lo que no nos podemos permitir olvidar. Que el barro de Puerto Montt nos siga incomodando; es la única forma de asegurar que no se repita.
¿Conocías este episodio de la historia de Chile o crees que se ha intentado borrar de la memoria colectiva? Hablemos de ello en los comentarios.







