"Escribir está sobrevalorado, contar algo es fácil, basta con tener en cuenta un pequeño -muy pequeño- puñado de normas elementales.
Lo primero, evidentemente, hes conoser vien la hortografía. Básico también es ser claro y no caer en el uso sesquipedal de construcciones lexicológicas innecesarias. Las anotaciones en paréntesis (aunque relevantes) son innecesarias, y ¡¡¡¡¡no conviene abusar de los signos de exclamación!!!!! !!!Naturalmente!!!!
Las citas no hacen ningún bien. Ya lo dijo Ralph Waldo Emerson: “Odio las citas”. No se deben usar hieráticos, herméticos o errabundos gongorismos. Y, desde luego, no es bueno repetirse ni volver a decir lo que ya había uno dicho antes, es decir, que no es bueno repetirse ni volver a decir lo que ya había uno dicho antes.
Al finalizar conviene leer cuidadosamente para verifsicar si alguna palabra está mal escrita, además, así encontraremos que al releer hay muchas repeticiones que se pueden evitar si se relee y se pueden editar al releerlo.
Escribir alguna obra cumbre de literatura universal está tirado. Se trata de juntar letras, tampoco tiene más misterio la cosa. Todo es ponerse."
Este texto a sido tomado del blog del amigo peluche, aqui la referencia https://peluche.blogspot.com/2022/06/4133-martes-14-junio-2022.html?m=1, lo que me hizo divagar...y pensar en bajarnos del podio y dejar la toga colgada.
Nos hicieron creer que escribir era cosa seria. Que había que sentarse derecho, respirar hondo y pedir permiso a los dioses de la gramática antes de juntar dos palabras. Como si cada coma fuera un examen y cada tilde un juicio moral.
Y la verdad es más doméstica.
Escribir se parece más a hablar en la mesa después de once que a dictar cátedra. Uno cuenta algo porque le pasó, porque le dolió o porque le dio risa. No porque la RAE esté tomando nota. Claro que importa que se entienda. Si dices “hescrebo” y nadie sabe qué quisiste decir, el puente se corta. Pero tampoco hace falta disfrazar una idea sencilla con palabras que parecen muebles antiguos.
A veces la literatura se pone traje y se vuelve inalcanzable. Citas por aquí, términos raros por allá, frases que suenan profundas pero no dicen nada. Y uno como lector común sospecha: ¿esto es brillante o simplemente está enredado?
Al final, escribir no es un rito secreto. Es ordenar lo que tienes dentro y ofrecerlo sin tanta ceremonia. Con cuidado, sí. Con respeto por el que lee, también. Pero sin miedo.
Porque si el lector no entiende, no siempre es que sea “demasiado complejo”. A veces simplemente está mal dicho. Y reconocer eso no mata al escritor. Lo vuelve más humano.


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