domingo, 11 de enero de 2026

"De las academias, ¡líbranos señor!" (Pero, en el fondo, sabemos que algo de razón tienen)

 


​"Como ya dixe ante de agora, el año de mill e quatroçientos e nouenta e dos fue el punto de gran cuita e faduera. La escriptura de la arte de la gramatika de Nebrija dio orden de rrazón e rreglas de grant claridat, poco ante que se començase la conquista de las Indias. El lenguaje de Castilla de rrezió e fincó porque se fizo lengua de la ley e de la mercaduría. Por que quier que buscase pleyto de justicia o subir en onrra en el grant señorío de España, el castellano era el solo camino por donde se podía pasar."

Si don Rubén Darío levantara la cabeza hoy  y viera un chat de WhatsApp, probablemente pensaría que escribimos en una variante del árabe criptográfico. Y, sin embargo, ese revoltijo de "xq", "tb" y "k onda" no es más que la última parada —por ahora— de un viaje lingüístico de siglos.

El castellano no nació hecho en un laboratorio. Nació en la calle, entre dialectos vulgares del latín, préstamos del árabe, sustratos prerromanos y la inventiva de gente que tenía cosas que decir y poco tiempo para conjugar perfectamente. ¿"Fermoso" o "hermoso"? ¿"Facer" o "hacer"? Durante siglos, la ortografía fue un campo de batalla donde cada uno escribía como le sonaba… literalmente.

Ahí entraron las academias, con su afán ordenador. Pusieron reglas donde había caos, fijaron la hache donde antes no se pronunciaba, unificaron criterios y, sí, a veces se pasaron de rígidos. Pero su objetivo —más allá del purismo a veces discutible— era proteger la comprensión mutua en un idioma hablado por cientos de millones de personas en continentes distintos.

Porque, pensémoslo:

· La ortografía no es solo una tiranía de profesores. Es un código común que asegura que un texto del siglo XXI sea legible en el XXII, que "hola" no se convierta en "ola" (a menos que hablemos del mar) y que "herrar" no se confunda con "errar" (aunque a veces, herramos por errar).

· La puntuación… ah, la puntuación. Es la respiración de la frase, la que decide si "Vamos a comer, niños" es una invitación o "Vamos a comer niños" es una confesión de canibalismo. Un punto, una coma, pueden ser la diferencia entre el drama y la comedia.

Pero el idioma es vivo, rebelde. Las academias lo saben y, a regañadientes, a veces ceden: aceptan "cederrón" junto a "CD-ROM", "guasap" junto a "WhatsApp", y tildes que caen (como en "solo"). Evolucionan, lentas, pero evolucionan. 

Así que, quizá, el grito "¡líbranos señor!" debería matizarse. No se trata de adorar las reglas como tablas de piedra, sino de entender que son las barandillas que nos permiten jugar en el balcón sin caernos. Podemos innovar, crear jerga, acortar palabras en mensajes urgentes… mientras conservemos la capacidad de volver al código común cuando hablemos con el mundo.

Al final, el verdadero genio del castellano no está en su pureza, sino en su capacidad de ser, a la vez, antiguo como un cantar de gesta y moderno como un meme. Eso sí: con la puntuación bien puesta, por favor. Porque, como diría Cervantes en el chat: "Xq la vida sin comas, es un sin sentido largo y confuso, ¿no?".


 


sábado, 3 de enero de 2026

El Pabellón de los Privilegiados: Cuando el Lobby Político se Vuelve Mortal

 


Los expertos en seguridad del paciente intentan responder a una pregunta que parece estadística, pero es profundamente moral: ¿Cuántas personas mueren al año por errores médicos? Hablamos de diagnósticos erróneos, infecciones, medicaciones equivocadas o altas prematuras. Es un terror que comparten médicos y pacientes, una sombra que, de no procesarse, reaparece para atormentarte.

Pero hay un error que no es clínico, ni accidental, ni "inocente". Es el error de un sistema podrido por el lobby y el privilegio político.

La sombra del poder en el Hospital El Salvador

La reciente investigación de BBCL Investiga sobre la ministra de Salud, Ximena Aguilera, no es solo un "problema comunicacional", como algunos intentan matizar. Es la radiografía de cómo funciona el poder en Chile cuando nadie está mirando.

Mientras miles de chilenos mueren en listas de espera, la madre de la máxima autoridad sanitaria fue operada con una celeridad quirúrgica que el ciudadano común jamás verá. Pero lo verdaderamente siniestro no es la rapidez, sino el costo humano: se acusa que para operarla se postergó la reexploración de un paciente que, tres días después, murió por shock séptico.

Basta de eufemismos

"No es fácil enfrentarnos a nuestros demonios", dice el texto. Y el demonio aquí es el tráfico de influencias disfrazado de "criterio técnico". La defensa de la ministra —quien afirma que solo "pidió una silla"— es un insulto a la inteligencia ciudadana. Los documentos internos son claros: hubo autorizaciones directas de la dirección, omisión de papeles administrativos y una orden de "saltarse la fila" que el personal de turno tuvo que obedecer bajo la sombra del mando.

Muchos en el Gobierno prefieren "ver solo la luz", hablando de transparencia mientras los hechos los contradicen. Pero aceptar nuestras sombras significa reconocer que, en Chile, el lobby político tiene pase directo al quirófano, incluso si eso significa dejar a otro paciente en el camino.

Reivindicar lo que somos: Ciudadanos, no súbditos

Contar estos secretos es lo que nos libera. No podemos seguir aceptando que los hospitales públicos funcionen como clínicas privadas para la clase política.

Si no denunciamos esta sombra, estamos condenados a ser atormentados por ella cada vez que nos toque entrar a un hospital público. La salud es un derecho, no una moneda de cambio para el poder.



Venganza

 


La simetría rota del daño


La venganza no es un plato frío; es una combustión lenta que consume primero a quien mantiene el fuego encendido. En estas latitudes, donde el rencor se confunde con la memoria, solemos creer que devolver el golpe restaurará el equilibrio. Error. La justicia es una construcción social, pero la venganza es un impulso biológico, casi animal, que no busca equidad, sino alivio.


El problema es que el daño ya es parte de la biografía. Intentar borrarlo con más sangre o más silencio es como querer limpiar una mancha de tinta con carbón. He visto a hombres gastar sus mejores años diseñando el colapso ajeno, solo para descubrir que, al final del camino, el enemigo ya ni siquiera recordaba el agravio.


Pero hay algo más: la asimetría del recuerdo. Mientras tú perfeccionas cada detalle de tu resentimiento, el otro sigue viviendo. Tu obsesión se convierte en una arquitectura intrincada que solo tú habitas. La venganza exige una simetría que la realidad se niega a proporcionar —como intentar bailar un tango con un fantasma—. El agravio original se transforma en tu posesión privada, un museo de injusticias que solo tú visitas.


La verdadera venganza, la única que tiene un estilo digno de este blog, no es la reciprocidad del dolor, sino la indiferencia absoluta. No hay golpe más letal que seguir caminando mientras el otro espera, inútilmente, que te detengas a odiarlo. Es un arte de ausencia: vaciar de significado el daño recibido, negarle el oxígeno de tu atención.


Porque la venganza tradicional es un diálogo —un intercambio tóxico de golpes y contrgolpes—. La indiferencia, en cambio, es el silencio definitivo. No se trata de perdonar, sino de desclasificar. De archivar el episodio como algo que ocurrió, pero que ya no define tu presente.


Al final, el olvido activo —ese deliberado dejar ir— es la única victoria que no deja resaca. Mientras la venganza común te encadena al pasado, esta victoria silenciosa te libera hacia futuros no contaminados. El rencor resuelto se convierte en un espacio vacío, una habitación que puedes finalmente redecorar con proyectos, paz o simplemente con el sonido de tu propia respiración, libre por fin del eco de aquel viejo agravio.


La última palabra no es la que hiera, sino la que nunca se pronuncia.

jueves, 1 de enero de 2026

Propósitos

 


EL DIAGNÓSTICO NO ES UN DESTINO


Comenzar el año enumerando los propósitos, se ha convertido en una tradición muy recurrente, para cuando febrero asoma sus días por el calendario, sentimos que hemos fracasado rotundamente, por qué? Debido a la falta de compromiso, apatía con nuestros compromisos? No!, es sólo por porque estamos cómodamente regodeandonos en nuestra miseria, culpando al mundo por no lograr nuestros propósitos y destilando lastima. 

Durante la Segunda Guerra Viktor Frankl sobrevivió (y vivió para escribir su célebre libro) a Auschwitz no por azar, sino por elección. Mientras muchos se derrumbaban, él decidió ejercer la única libertad indestructible: la de escoger su actitud frente al sufrimiento. Hoy, con frecuencia, hemos invertido ese principio.


Hemos convertido el trauma en un objeto de exhibición y el diagnóstico en una identidad estática. Frases como "tengo ansiedad" o "soy neurodivergente" pueden usarse, a veces, como justificación para la pasividad. Lo que separa el crecimiento del estancamiento no es el dolor, sino la pregunta que hacemos después: "¿Cómo sigo adelante?" frente a "¿Hasta cuándo puedo quedarme aquí?".


Quejarse puede ser cómodo: atrae mirada inmediata y alivia la responsabilidad. Pero también es una jaula transparente. Si siempre culpamos al sistema, a los demás o a la genética, les regalamos las riendas de nuestra existencia.


La verdad duele, pero libera: reconocer tu parte en el problema es el primer paso para ser parte de la solución. Deja de adornar tu prisión con etiquetas y empieza a buscar la salida. El sentido de tu vida no está determinado por lo que te ocurrió, sino por lo que construyes a partir de eso.

Levántate.

sábado, 27 de diciembre de 2025

El último día de paz en la tierra




La tregua de navidad de 1914, fue el último dia de paz en la tierra, es revelador el hecho de que si bien  los dirigentes europeos se odiaban, los alemanes y los aliados claramente no, al menos una vez que se conocieron.

Pero la paz es frágil.

“La guerra es la salud del Estado”, dijo el escritor radical Randolph Bourne. 

La historia humana, está atravesada por fronteras y trincheras, muestra que la paz absoluta ha sido siempre una aspiración frágil. Los conflictos —bélicos y sociales— se repiten cíclicamente, impulsados por el miedo, el deseo de poder y la incapacidad de aceptar la diferencia. Pensar en la eliminación total de la violencia parece, a la luz de la experiencia, una ilusión.

Pero este diagnóstico no agota la condición humana. Frente al conflicto emerge la resiliencia: la facultad de reconstruir sentido tras la destrucción, de crear vínculos en escenarios de ruptura, de preservar la dignidad incluso en la derrota. No sustituye a la paz, pero permite la continuidad de la vida.

Así, mientras el conflicto revela nuestras limitaciones morales, la resiliencia manifiesta nuestra capacidad de trascenderlas. No garantiza un mundo sin violencia, pero sí uno donde la esperanza persiste. Aun sin certezas, seguimos eligiendo el mañana.

viernes, 19 de diciembre de 2025

La aniquilacion de la ortografía

 




¿Estamos ante el fin del castellano tal como lo conocemos? Probablemente no. El idioma es un organismo vivo que muta, se adapta y sobrevive. Pero, mientras tanto, no puedo evitar sentir un pequeño escalofrío cada vez que leo un "k hase" en un entorno profesional.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que las tildes no eran adornos opcionales y las "haches" no eran mudas por decreto de la pereza. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante un escenario digno de un thriller postapocalíptico: la aniquilación total de la ortografía.

Lo intentó Hervé Bazin en su ensayo de 1966, ¡Adelante, los signos de puntuación!, él sentía que el alfabeto era "emocionalmente pobre" y diseñó toda una familia de signos experimentales para matizar la voz escrita. Aunque el lenguaje moderno permite romper reglas, en la literatura se suele preferir el ritmo de las palabras sobre los signos nuevos.

Pero, ¿cómo sobrevivir en un mundo donde los puntos de suspensivos gobiernan y los emojins son el nuevo alfabeto? Es que, ¿nos estamos perdiendo algo esencial o simplemente no estamos quedando atrás y no nos adaptamos a esta nueva forma de comunicar?

El lengüaje siempre ha sido el campo de batalla entre puristas y revolucionarios y hoy las trincheras son facebbok, tweets, memes y whattapp.

Pero ojo, cuando las reglas básicas se difuminan tambien lo hace la precisión, porque seamos honestos, ¿firmaríamos un contrato escrito con emojins? ¿Entenderíamos igual a Neruda sin puntos y comas?

Tal vez la próxima gran revolución no sea tecnológica, sino gramatical: el exótico arte de poner los puntos y las comas donde realmente corresponden.

Comenten sin miedo (los puntos suspensivos, los emojins y las "k" están permitidas... por esta vez)

lunes, 20 de octubre de 2025

 Influencers




Alguien debería  decir que fuera de los videos hay vida, que el mundo no se reduce a  a internet.

En condiciones normales, tres chupitos de tequila de garrafón, bien comido y despues de una larga maratón en netflix, los videos de influencers en las plataformas mal llamadas sociales, seria de ponerlos en la estantería de la derecha segundo armario entrando por la puerta del olvido, en estado sobrio, la cosa es mucho más complicada, es que con estos personajes cabe de todo, basta darle al play para que una inevitable sucesión de expresiones sin sentido llenen sus videos, para algunos puede que tenga sus cosas, aunque no  para aquellos a los que a los tres primeros segundo de cada video, puedan ser suficientes para plantearse si merece la pena seguir viviendo, o hacer una denuncia ante el juzgado de guardia por atropello al sentido cumún. Estos pseudodivulgadores cursi-adolescente que en realidad son treintañeros cuya edad mental se quedó en la pubertad. Y claro  consiguen su propósito, y es que, en un mundo donde los sinvergüenzas sobre todo los de guante blanco con labia, siempre triunfan, estos han encontrado su filón manejando la ignorancia de la gente, y tiene mucho material para manejar y por lo menos tiene su minuto de gloria,

En fin, !todo es un un juego!, ¿verdad?,no puede ser que alguien se presente como si participara en un reality show de barrio sesamo y encima sea capaz de hacer una tarjeta de presentación tan cursi como esa, para autotitularse después de influencer.