sábado, 12 de septiembre de 2026

No estás solo


Hay dolores que no hacen ruido. Se esconden detrás de una conversación cualquiera, de una sonrisa bien puesta, de alguien que sigue contestando mensajes y llegando a la hora como si nada se le estuviera cayendo por dentro. Por eso, cuando alguien decide irse, a los demás nos parece que fue de un día para otro. Casi nunca es así. Lo que se rompió de golpe llevaba tiempo astillándose en silencio, como esas quebradas del norte que uno cruza sin sospechar que debajo hay una falla trabajando hace siglos.

Me cuesta pensar que el suicidio nazca siempre del deseo de morir. Sospecho que, más veces de las que queremos admitir, nace de otra cosa: del deseo desesperado de dejar de sufrir, de bajarse de una vida que se volvió insoportable de cargar. Y quizás lo más terrible no sea el dolor en sí, sino la certeza —falsa, pero absoluta en ese instante— de que no hay otra puerta. Que esa es la única salida del cuarto.

Por eso desconfío del «no lo hagas» como prevención completa. Prevenir se parece más a aprender a mirar. A escuchar sin apurarse a explicar nada. A quedarse ahí, cerca, como se queda el mar: sin exigirle nada a nadie, gopeando la orilla con suave vaivén, solo estando, testigo silencioso de lo que a cada uno le toca cruzar.

Nadie debería tener que justificar su dolor para merecer compañía. A veces estar ahí —sin respuestas, sin discursos— es la forma más honesta de decir: todavía hay alguien contigo.

Y mientras exista una sola persona dispuesta a quedarse, tal vez la oscuridad no tenga la última palabra.

Me gustaría decir, no estás solo.

Un amigo es luz



7 comentarios:

  1. ¡Estoy completamente de acuerdo contigo! Mientras tengas a una persona a tu lado, aunque esté lejos, nunca estás solo... existes, respiras, vives. Un beso y un abrazo para el sábado, ¡Andeja!

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  2. Marcos, qué importante y necesaria es esta reflexión. Has puesto el foco en algo que muchas veces pasa desapercibido: esos dolores silenciosos que siguen funcionando por fuera mientras se derrumban por dentro. Me ha parecido especialmente acertada esa idea de que, en muchos casos, no se trata tanto del deseo de morir como del deseo de dejar de sufrir.

    También me quedo con tu defensa de la presencia sencilla, de escuchar sin juzgar y de permanecer cerca sin exigir explicaciones. A veces una mano tendida, una conversación o simplemente alguien que se queda puede marcar una diferencia enorme. Y ese cierre, tan simple y tan poderoso, resume todo el texto: “No estás solo”. Ojalá llegue a quien necesite leerlo.

    Un fuerte abrazo, Marcos.

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  3. Hay mucha soledad, hay mucho sufrimiento. Hay un mundo muy violento e incomprensible. La incidencia de suicidios es muy alarmante. La gente aparenta ser feliz, es una moda, pero por dentro están destrozados. Nadie desea morir, pero si dejar de sufrir.
    Un abrazo grande.

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  4. Durante un tiempo conocí la cifra diaria de suicidios, intentados y consumados, en mi ciudad.
    Es terrible... incluso hay días como los lunes en que suele haber más incidencias, o los días con mucho viento y también con lluvia...
    Es una cifra que se intenta mantener oculta para evitar el "efecto llamada"... pero aún así...
    Hay mucha gente que necesita ayuda emocional y cada vez hay menos gente dispuesta a darla.
    A la gente se le da pastillas para "dormirlos" o "anestesiarlos emocionalmente"... pero esa no es la solución.
    Cada vez se suicidará más gente en este mundo tan egoísta, frío y demencial que estamos construyendo.

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  5. ¡Te deseo un bonito domingo, te envío mi sol con un beso y un abrazo!

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  6. No siempre sé qué decir ante algo así, pero me gustaría poder decirle a quien se encuentre en ese momento: no estás solo. Puede llamarme mañana o dentro de una semana, no me va a molestar. Para mí, un amigo es luz cuando lo demuestra con hechos.

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