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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Mas grande por dentro


El consejo en pleno de la ONU, votó por cambiar el mapa mundial y "sincerar" las proporciones...

Dicen que un mapa es papel. Líneas, coordenadas, esa clase de precisión fría. Pero basta con mirarlo un rato —de verdad mirarlo, no solo consultarlo— para notar que es otra cosa: un objeto pequeño que contiene mucho más de lo que su tamaño promete. Más grande por dentro que por fuera, como casi todo lo que de verdad importa.

Ahí caben miles de historias comprimidas: la gente que caminó esas rutas antes que nosotros, los que huyeron, los que volvieron después de años sintiendo que habían sido apenas un instante. Fronteras que aparecieron y luego se desdibujaron, como si el territorio mismo cambiara de parecer cada cierto tiempo. Y quizás cambia. Nosotros somos así de inconstantes, y el suelo que pisamos no es tan distinto.

Lo curioso de un mapa es que nos obliga a mirar en dos direcciones del tiempo al mismo tiempo. Hacia atrás, para entender el trayecto —a veces largo, a veces absurdo— que nos trajo hasta este punto exacto. Y hacia adelante, hacia todo lo que aún no ha ocurrido pero que ya está ahí, esperando, como una habitación al final de un pasillo que todavía no nos atrevemos a abrir.

Por eso no hemos dejado de hacerlos. No es solo orientación práctica. Es que, en el fondo, todos somos viajeros un poco torpes, tratando de no perdernos —no solo entre montañas, mares o desiertos, sino entre nuestras propias dudas, recuerdos, y esa esperanza terca que insiste en señalar hacia algún lugar.

Al final, el mapa que de verdad importa no es el que marca un destino. Es el que, mientras seguimos avanzando —porque siempre estamos avanzando, aunque no lo notemos— nos recuerda quiénes éramos cuando empezamos a caminar.

Y seguimos. Eso es, quizás, lo único que un mapa nunca podrá dibujar del todo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Mapas

La tierra es redonda y plana a un tiempo. Es evidente. El hecho de que sea redonda es indiscutible, y el de que sea plana es nuestra experiencia compartida, también indiscutible. El globo no sustituye al mapa; el mapa no desvirtúa al globo.
Los mapas son mágicos. En el ángulo inferior se ven ballenas y en el superior cormoranes que acarrean peces de ojos saltones. Entre medio hay una relación subjetiva del estado de las cosas. Configuraciones aproximadas de países que pueden o no existir; quebradas líneas rojas que marcan senderos que, en el mejor de los casos, son aventurados y, en el peor, han perdido existencia. Los mapas se rehacen constantemente a medida que parecen aumentar los conocimientos. ¿Aumentan los conocimientos o se acumulan los detalles?.
El mapa puede ayudarme a encontrar un lugar que no he visto pero que a menudo he imaginado. Cuando llego, siguiendo fielmente el mapa, el lugar no es el sitio de mi imaginación. Los mapas, que cada vez son más reales, son mucho menos veraces.
Y ahora que nos apiñamos sobre la tierra con nuestros minúsculos cuerpos de insectos, ponemos banderas y construimos casas, da la sensación de que todas las odiseas están cumplidas.
Pues no es así. Pliega los mapas y guarda el globo. Si alguien más ha trazado el derrotero, que se apañe. Comienza otro dibujo con ballenas en la parte inferior y cormoranes en la superior y, si es posible, identifica entre ambos los lugares que todavía no has hallado en esos otros mapas, las conexiones que sólo son evidentes para ti.
Redonda y plana, es muy poco lo que se ha descubierto.