jueves, 19 de febrero de 2026

La empatía tiene puntos ciegos


Nos gusta pensar que la empatía siempre es buena. Que si logramos ponernos en el lugar del otro, todo mejora. Y sí, muchas veces es así. Pero no siempre.

La verdad es que solemos empatizar más con quienes se nos parecen. Con los que hablan nuestro mismo idioma emocional. Lo que no entendemos, lo que nos incomoda o desafía nuestras ideas… nos cuesta sentirlo. Ese es uno de sus puntos ciegos. A veces también confundimos empatía con justificarlo todo. Comprender el dolor de alguien no significa aplaudir sus decisiones. Hay momentos en que ayudar no es decir “te entiendo” sino “esto no te está haciendo bien”.

Y luego está el cansancio. No podemos cargar eternamente con las emociones de todos. Intentarlo, tarde o temprano, nos pasa la cuenta. Por eso no se trata de tener menos empatía, sino de tenerla mejor afinada. Con límites. Con criterio. Con conciencia.

Reconocer sus puntos ciegos no la debilita; la hace más consciente y más madura. Porque sentir es humano. Pero sentir con claridad es madurez.

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