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lunes, 30 de marzo de 2026

Poesía

Dicen que la poesía es la más depurada manifestación que puede hacer el ser humano por medio de la palabra: sentimientos, emociones, reflexiones en torno a la belleza, el amor, la vida, la muerte. Una definición que suena impecable. De esas que uno lee y asiente, casi sin pensar.

Y entonces aparece Neruda:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y titilan, azules, los astros, a lo lejos.»

Perfecto. Ahí está todo: la noche, el frío, la distancia, esa tristeza que no se nombra directamente pero que aplasta igual. La definición cumplida.

Pero hay otro poema. Menos famoso. Bastante menos:

Yo cavo

Tú cavas

Él cava

Nosotros cavamos

Vosotros caváis

Ellos cavan

No se ustedes, si veran poesía en esto, pero de que es profundo, lo es. Y no sé bien tampoco yo, si eso califica como poesía según la definición. Pero tiene algo que muchos versos más elaborados no logran: te deja con la pregunta puesta. Y eso, a veces, es todo lo que la poesía necesita hacer.


miércoles, 20 de abril de 2011

Casamiento


Profecía

Me lo dijeron ayer
las lenguas de doble filo,
que te casaste hace un mes...
Y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera, en mi caso,
se hubiera echado a llorar;
yo, cruzándome de brazos,
dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro,
ni de enredarme a maldiciones,
ni de apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casado? ¡Buena suerte!
Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre
que no te guardo rencor.
Porque sin ser tu marido
ni tu novio, ni tu amante,
yo soy quien más te ha querido:
¡con eso tienes bastante!...


... Por eso yo, al enterarme
que estabas un mes casá,
no dije que iba a matarme
sino... ¡que me daba igual!
Mas, como es rico tu dueño,
te brindo esta profecía;
tú, cada noche, entre sueños,
soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que tu boca me besó
y te llamarás ¡cobarde!
como te lo llamo yo.
Y verás, sueña, que sueña,
que me morí siendo chico
y se llevó una cigüeña
mi corazón en el pico...
Pensarás: No es cierto nada;
yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá a la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío
ni tu novio, ni tu amante,
sino... ¡el que más te ha querío!
¡Con eso tienes bastante!

Rafael de León