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lunes, 22 de junio de 2026

La deuda que todos tenemos



Hace años leí una reflexión atribuida a un ejecutivo que dirigía una empresa al borde de la quiebra. La compañía arrastraba una deuda cercana a los mil millones de dólares. Contra todo pronóstico, logró salvarla.

Lo que recuerdo no son los detalles financieros ni las estrategias de gestión. Lo que quedó grabado fue una idea mucho más simple.

Decía algo así:

"Cuando despiertes por la mañana, mira la ciudad donde vives, la gente que te rodea, el aire que respiras, y no dejes que nada, absolutamente nada, ni siquiera una deuda de mil millones de dólares, te quite el sueño."

Con los años he llegado a pensar que la enseñanza no trata sobre empresas ni sobre dinero.

Todos tenemos nuestra propia deuda de mil millones de dólares.

Puede ser una preocupación que nos acompaña desde hace meses. Un problema que parece no tener solución. Un futuro incierto. Algo que ocupa tanto espacio en la mente que termina ocultando todo lo demás.

Pero mientras estamos atrapados en ese problema, la vida continúa ocurriendo.

Amanece. La ciudad despierta. Los niños van a la escuela. Los árboles se mueven con el viento. El mundo sigue siendo inmensamente más grande que aquello que nos preocupa.

Nada de esto elimina el problema. La deuda sigue ahí. Pero recordarlo ayuda a poner las cosas en perspectiva.

Porque una cosa es tener un problema y otra muy distinta es permitir que el problema nos posea.

La serenidad no consiste en vivir sin preocupaciones, sino en comprender que ninguna de ellas debería arrebatarnos por completo la capacidad de ver el mundo que sigue existiendo más allá de nuestras inquietudes.

Después de todo, si alguien pudo dormir con una deuda de mil millones de dólares sobre sus hombros, tal vez nosotros también podamos descansar esta noche.