miércoles, 27 de mayo de 2026

Perder el norte

Cuando alguien empieza a desvariar, a tomar decisiones absurdas o a perder el hilo de lo evidente, decimos que está perdiendo el norte. La frase funciona porque el norte es, en apariencia, lo más fijo que existe. Una referencia inmóvil. Una verdad sin discusión.

Lo curioso es que el norte no es nada de eso.

El norte magnético migra constantemente. Hoy se desplaza hacia Siberia a razón de varios kilómetros por año. El polo celeste que usaban los navegantes antiguos también se mueve: Polaris no siempre fue la estrella polar y dejará de serlo. El norte, en rigor, es una convención que funciona porque todos acordamos sostenerla, no porque sea estable por naturaleza.

Pero hay otra inestabilidad que me resulta más cercana.

Chile tiene un norte concreto, con nombre propio y historia sangrienta. Atacama, Tarapacá, Antofagasta. Territorios que no siempre fueron chilenos y que pasaron a serlo después de una guerra que dejó muertos en el desierto, comunidades desplazadas y fronteras reescritas a punta de bayoneta. La Guerra del Pacífico no fue un trámite diplomático. Fue una disputa feroz por el salitre, por el cobre, por la riqueza que dormía bajo esa tierra seca. Chile ganó, y con la victoria se quedó con el mineral, con el territorio, y con siglos de cultura que ya habitaban ese desierto antes de que llegara cualquier bandera.

Lo que vino después es conocido, aunque pocas veces se diga con todas sus letras. El norte entregó salitre hasta que el salitre se acabó, o más bien hasta que lo reemplazaron artificialmente y lo volvieron prescindible. Entregó cobre, y sigue entregándolo. Financió guerras, crisis, recuperaciones y bonanzas que se celebraron en Santiago. Y a cambio recibió campamentos, polvo, olvido administrativo y la condescendencia ocasional de quienes descubren con sorpresa que allá arriba también hay gente.

El país usa "el norte" como metáfora del buen camino, de la razón, de la rectitud. Pero su norte real ha sido durante más de un siglo uno de los lugares menos escuchados, menos representados, más exprimidos del territorio nacional. No es guía. No es centro. Es extracción.

Hay algo más que paradójico en eso. Hay una deuda.

Quizás perder el norte no sea tan grave. Quizás lo grave es haberlo tenido siempre como despensa y nunca como brújula.

1 comentario:

  1. Desconocía esa guerra.
    Por lo que cuentas ese "norte" es un territorio esquilmado hasta el agotamiento.
    Y sí, ahí pierde completamente el sentido esa frase.

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