Tu muerte no hizo ruido, pero dejó un silencio imposible. No escribo desde la tristeza, sino desde la memoria, donde sigues intacto. Porque morir es biológico; desaparecer, no. Y tú no has desaparecido.
Fuiste testigo de mis primeras rebeldías, y con tu presencia hiciste transitable una infancia enorme. Es injusto en que la vida siga sin quienes debían estar siempre. Pero soy terco: no te recuerdo como un final, sino como una suma de días auténticos.
Mientras dependa de mí, no habrá segunda muerte para ti. No es una despedida, es un reconocimiento: fuiste parte esencial de mi historia. Yo seguiré recordando.
No hay una tumba para ti y no sabia en que pequeño lugar debía depositar todo esto.
Dedicado a la memoria de Miguel Cortés "Huevito", mejor amigo que yo...


No hay comentarios:
Publicar un comentario