Porque escribir sólo un post no es suficiente... Recordemos el Holocausto y que dijimos "Nunca más" y después Camboya (1975-1979), Ruanda (1994), Srebrenica Bosnia (1995), Gaza.
“Nunca más”.
La frase que sacamos del cajón cada vez que la historia vuelve a estallar. La decimos en ceremonias, la grabamos en monumentos, la repetimos cada aniversario. Pero, siendo honestos, ¿qué significa hoy?
Si el “Nunca Más” fuera un contrato, la humanidad ya estaría en quiebra.
Hemos convertido la memoria en un rito, cuando debería ser una herramienta de vigilancia. El genocidio no irrumpe de golpe: se construye a plena vista. Empieza cuando el “ellos contra nosotros” se normaliza en la mesa, cuando se llama plaga o amenaza a personas, cuando la soberanía pesa más que la vida de quienes la habitan.
El compromiso no puede ser solo emocional: tiene que ser verificable.
No basta con llorar frente a fotos en blanco y negro mientras ignoramos las señales en alta definición del presente. Un “Nunca Más” real no espera fosas comunes: actúa cuando se hacen listas, se cortan suministros, se deshumaniza al vecino.
Es hora de pasar de la diplomacia del pésame a la política de la prevención. Exigir gobiernos que no miren a otro lado por intereses y organismos internacionales con dientes, no solo discursos.
La próxima vez que digamos “Nunca Más”, preguntémonos qué estamos haciendo hoy para que no sea el guion del próximo documental.
La memoria sin acción es nostalgia.
Y la nostalgia no salva vidas.


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