jueves, 22 de enero de 2026

La trampa moderna del mérito: cuando destacar te deja solo

 



Nuestra cultura repite una consigna sin cuestionarla: destaca. Sé el mejor. Diferénciate. Brilla. El mejor deportista, el mejor cantante, el mejor actor, el mejor...

 El problema es que nadie explica el costo oculto.Destacar, en sociedades altamente individualizadas, no te integra: te separa. El logro deja de ser un aporte y se transforma en identidad. Ya no hiciste algo bien: eres eso. Y cuando fallas, no falló una acción; fallas tú.

Las sociedades tradicionales que dependían de la cooperación extrema entendieron algo incómodo: el ego no es solo un problema psicológico, es un problema logístico. Cuando el reconocimiento se concentra en una persona, el grupo se relaja, delega, se debilita. Cuando el error llega —porque siempre llega—, ya no hay red.

Hoy hacemos lo inverso:

Convertimos cada éxito en una marca personal. Convertimos cada error en una caída pública. Llamamos “motivación” a una competencia que desgasta. Después nos sorprendemos de la fragilidad emocional, del miedo al fracaso, del síndrome del impostor. Tal vez no necesitamos menos talento ni menos ambición. Necesitamos menos épica individual y más responsabilidad compartida. Un logro sano no es el que te eleva por sobre otros, sino el que no te expulsa del nosotros. Porque el verdadero fracaso no es no destacar. Es quedarte solo cuando ya no puedes hacerlo todo. Y eso, curiosamente, no lo arregla ningún aplauso.

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