lunes, 26 de enero de 2026

Resiliencia



No eres lo que te pasó. Eres lo que haces con lo que te pasó.

Esta frase, a menudo atribuida a Carl Jung, no es un eslogan de autoayuda ni un consuelo amable: es una declaración de independencia interior. El pasado es un hecho irrevocable, una secuencia de acontecimientos y heridas que no elegiste, pero que insisten en reclamar el derecho a definirte. Sin embargo, la resiliencia auténtica no consiste en negar el daño ni en maquillarlo de optimismo, sino en retirarle el poder de gobernar tu vida.

Cuando te reduces a lo que te hirió, conviertes el dolor en identidad y le cedes el timón de tu futuro a algo que ya no está, a un eco que sobrevive solo porque sigues escuchándolo. El verdadero quiebre ocurre cuando comprendes que tu identidad no es un archivo estático de desgracias ni un altar a la victimización, sino un espacio vivo de decisión. No eres un museo de traumas: eres un taller. Y en ese taller eliges qué hacer con los restos del naufragio.

Eres la conciencia que transforma la herida en aprendizaje, la lucidez que extrae sentido del caos y la valentía de proyectar un mañana que no se arrodille ante la tragedia. Lo que te ocurrió explica tu punto de partida, pero no justifica tu destino. La historia puede haber comenzado sin tu consentimiento, pero su dirección actual depende de tus actos.

El futuro no es un lugar al que se llega por inercia; es una obra que se construye cuando dejas de narrarte como víctima de las circunstancias y asumes el rol, incómodo pero liberador, de autor de tu propia vida. La redención no llega desde fuera: se diseña, se decide y se sostiene cada día.

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